MUJERES… AH…, LA MUJER


MUJERES… AH…, LA MUJER

Inocente, el autor del Génesis habla sobre la existencia y papel de la mujer, personaje definitivo y felicidad del hombre. Es un mito. Podría haber sido – y sería más lógico y natural -, que Dios hubiera sacado del vientre de una mujer o de su costilla al hombre. De ellas han salido cuantos hombres hay en la historia del mundo. Pero el autor, hijo de las tradiciones machistas más antiguas, puso al macho como generador de la mujer.
Entonces, no se diría «sociedad patriarcal», no se hubieran contado tan solitarias esas historias entre las de los patriarcas y de los profetas. Solo se mostraron unas pocas mujeres y heroínas como Eva, Sara, Judith, Débora, Ester, Séfora, Raquel, Ruth, Noemí, Sifra, Hulda, Abigail, Ana, la Samaritana, Magdalena o María. Sin embargo, de esas historias nos quedan los rasgos más importantes que hoy apreciamos en la mujer.
Por supuesto, el don más preciado es porque ofrendan al mundo de su vientre cuantos seres humanos han nacido. El concurso del hombre es necesario pero en definitiva si no salieran del vientre materno cuanto ser humano ha nacido, no hubieran existido reyes ni faraones ni sabios ni fundadores o conquistadores o artistas. Ni mujeres reinas y princesas, ni consejeras, ni sacrificadas en el silencio de sus recámaras o condenadas en el patíbulo.
Nos ha llegado la fama, por su inteligencia, astucia y belleza de mujeres como Cleopatra, Juana de Arco, Isabel de Castilla, María Sklodowska, Amelia Earhart, Edith Piaf, Benazir Bhutto, Eva Perón, Policarpa Salavarrieta, Frida Khalo, Dolores Ibárruri, Indira Gandhi o la Cacica Gaitana.
¿Quién nos dará la manzana sino la mujer? La mujer es delicadeza, sutileza, suavidad, perspicacia, belleza, astucia, dadora de vida, encanto y tormento. Cada epíteto es una cualidad que neutraliza cualquier defecto. Es una suma de dones como el árbol de la ciencia del bien y del mal en el Paraíso. Parece que hubiera sido diseñada y confeccionada por el mejor genetista y creador. Y a cada una le cabría premio por cada hijo y por cada sonrisa.
La mujer es el mejor regalo de la vida a la humanidad. No importan las guerras, las sequías, las inundaciones o desastres. La presencia y diligencia de la mujer da la garantía que para cualquier menor o mayor desgracia ella será lenitivo y mejora, consuelo y remedio. Su mano, ternura y premura, harán su entrada allí donde aparezca el dolor y la necesidad.
La historia es constante testimonio de la abnegación, la entrega y la presteza de la mujer en casa propia o ajena, sin detenerse a reparar si le corresponde o le compete.
Amanecí sensible y pensando en la mujer. La de aquí, la de allá, la de ayer y la de antier, de la familia o amiga, la compañera de trabajo o la de la noticia de hoy. La bajita, la delgada, la blanca o cobriza, la niña o la abuela. Todas están incluidas en la Historia de mi Mundo.
09-08-18 9:58 a.m.
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