Almacén Duque, un lugar de incontables memorias

Almacén Duque, un lugar de incontables memorias
Proclama del Cauca conoció la historia, la clave para mantenerse en el mercado y la opinión de las nuevas generaciones de una de las empresas familiares más antiguas del Cauca, ubicada en el centro histórico de Popayán: Almacén Duque.

Más de setenta años lleva en pie el local comercial ubicado al lado de la catedral basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Popayán, que, para asombro de investigadores extranjeros y ciudadanos, quedó intacto en el terremoto que azotó la capital caucana en 1983 y que hoy lleva por nombre Almacén S. Duque J. & CIA. Ltda.
Son cuatro hermanos los que trabajan actualmente aquí y quienes conocen la historia grabada en los pasillos y paredes de este lugar. Cuatro parientes que tienen recuerdos vívidos de su infancia, adolescencia y adultez allí; cuatro personas que podrían contar a éstas y siguientes generaciones, el cómo se ha sostenido esta empresa con el pasar del tiempo.
Carmenza Duque Cerón, es la persona designada por sus hermanos Manuel Salvador Duque, Martha Lucía Duque Cerón y Marcela Duque Cerón para contarle a Proclama del Cauca la historia y accionar del Almacén Duque en el Centro histórico de la ‘Ciudad Blanca de Colombia’. Pues al parecer, es quien mejor se desenvuelve frente a cámaras, grabadoras y micrófonos.

“Mi papá acababa de prestar servicio militar en Pereira y se vino a Popayán a visitar un hermano agrónomo que tenía, luego decidió quedarse en la ciudad para trabajar con él en su almacén agropecuario” dice Carmenza mientras busca dar orden a sus ideas sobre la historia de esta institución.
De Ángel Mejía a Almacén Duque
El señor Salvador Duque Jiménez adquirió con esfuerzo, trabajo y dedicación el almacén que se convertiría años después en el patrimonio más grande e importante de la familia Duque Cerón. Gracias a su buen desempeño como vendedor, administrador, socio y luego propietario, la calidad de vida de su esposa, ocho hijos y numerosos nietos ha sido cómoda.
Según cuenta Carmenza, Ángel Mejía Botero fue el fundador del local que tenía por nombre “Ángel Mejía”, un antioqueño adinerado que viajaba a distintos países para traer y comercializar productos importados como perfumes, navajas, relojes, chocolates, telas y paños, “Él decidió contratar como vendedor a mi padre después de ver su forma de trabajar con su hermano. Después de un año lo nombró administrador y más tarde le ofreció una sociedad”.
Eran en total tres los propietarios de lugar: Ángel Mejía, Luis Hernando López (el contador) y Salvador Duque. “Cuando murió don Ángel, entre mi papá y Hernando compraron las acciones de él a la viuda y 10 años después Luis le vendió a mi papá” interviene Marcela Duque después de escuchar con atención a su hermana Carmenza y agrega que desde el año de 1977 la razón social de esta tienda es Almacén S. Duque J. & CIA. Ltda.
La calidez humana como clave de éxito
Es evidente la amabilidad a la hora de atender a un cliente: Buenos días, tardes o noches; dama o caballero, en qué le podemos servir, qué está buscando, tenemos estas opciones, cuál le gusta, este se puede ajustar a su presupuesto, aquel le queda muy bien (..) son las expresiones recurrentes tanto de los propietarios como de empleados del Almacén.
El espacio está dividido por departamentos con productos de marcas nacionales: ropa de dama, ropa de hombre y zapatos de cuero; algunas vitrinas con accesorios y otros con ropa interior. Mercancía para las personas que se preocupan por lucir bien en cualquier ocasión. Y alterno, una casa de cambio de compra y venta de dólares y euros al que acuden y recomiendan muchos payaneses: la Casa Duque Popayán SAS.
“Mi papá nos enseñó desde pequeños a los ocho hermanos, que cuando uno trabaja tiene derecho a remuneración”, dice Carmenza en medio de risas mientras cuenta que ayudaba a atender a clientes desde niña, en la época en que las vitrinas eran más altas que ella. Además, añade que aprendió de su padre que la buena atención se debe prestar a todas las personas; igual trato para el gobernador como para un barrendero y ese principio les ha permitido tener excelentes clientes de todas las clases sociales.
La familia Duque y su nueva generación
Los ocho hermanos propietarios de Almacén Duque que se han formado y sustentado gracias a las entradas económicas que provee esta empresa, coinciden con el deseo de que continúe siendo familiar, aun así, tienen claro que las nuevas generaciones tienen en mente nuevos propósitos que incluyen la salida de la ciudad y del país.

“Nuestros hijos nos ayudan en temporadas, también conocen y aman nuestro negocio, aunque muchos ya están por fuera” expresan un poco afligidos los cuatro hermanos que laboran en el Almacén. De igual forma han construido con sus empleados lazos muy fuertes en su visión familiar, pues hay quienes llevan más de 30 o 20 años laborando allí. Quienes no son familiares por vínculos consanguíneos, lo son de corazón y así se mantiene la tradición.
Luisa Fernanda Coral Duque, hija de Carmenza siente la herencia de su abuelo Salvador como un área de refugio donde aprendió sobre responsabilidad y solidaridad. “fue mi primer lugar de trabajo y el de la mayoría de mis primos. Allí encontraba de niña a mi abuelo, mamá, tías y empleados. Ese es un lugar para construir familia más allá de los escenarios convencionales”, indica con emoción.
Aunque reconoce que ni sus primos ni ella tienen claro qué pasará a futuro con la tradición de que Almacén Duque sea atendido por algunos de sus propietarios si todos salen de la ciudad a emprender distintos proyectos. Mientras tanto, la nueva generación asesora a los socios y trabajadores sobre la era digital y la necesidad de entrar en ella para cautivar nuevos clientes por medio de procesos de capacitación.

Gracias a su posición estratégica frente al parque Caldas y contiguo a la Catedral, Almacén Duque ha sido partícipe y testigo de un sinnúmero de hechos. Tomas de fotografías de distintos personajes, el difícil momento del terremoto, la visita del papa Juan Pablo II, filmaciones de series y películas, el desfile de las procesiones en la semana mayor y otros tantos que convierten a este lugar en un cofre repleto de memoria histórica y colectiva.





