CELESTE


CELESTE

Cuando el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo era el supremo dictador de la República Dominicana, sus gobernadores se peleaban por lamberle para ganarse su respaldo y permanecer en el cargo. Entre las muchas formas de lagartería que usaban estaba el de bautizar los buques y los puentes con los nombres de los hijos o de los nietos del omnipotente dictador.
El fin de semana pasado, en Colombia, cuando el presidente de la república fue a visitar junto con el gobernador de Bolívar el puente más largo que se ha construido en el país, y por donde se desembotellará finalmente Mompós y buena parte de la Mojana, se vivió, en pleno 2018, un episodio similar a los que se vivían en la República Dominicana en épocas de Trujillo. El gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, en un acto de corronchería digno de la pluma picante de Juan Gossaín, propuso que el gigantesco puente llevara el nombre que tendrá la primera nieta del presidente Juan Manuel Santos: Celeste.
Como este país no es una monarquía, aunque si es una democracia hereditaria y son los hijos, los nietos y los tataranietos de los presidentes los que nos gobiernan, los estilos dictatoriales no son de buen recibo y aventurarse a bautizar un puente, que puede inmortalizar al gobierno que fue capaz de construirlo, con el nombre de una niña por nacer, suena a degradación democrática. Sin embargo, como en la nación otrora consagrada al Sagrado Corazón las cosas se llaman por el nombre que las gentes terminen poniéndole, y no lo que los decretos gubernamentales establezcan, nada de raro tendría que aunque no aparezca en los mapas carreteables de Google como Puente Celeste, todos sigamos llamándolo así. Estamos en Colombia.
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Audio: https://www.spreaker.com/user/8676384/2018-02-27-20-24-11-computer-record
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