EL CARTEL DE LAS TOGAS



¡Vaya sorpresa!, encontrar un editorial titulado así en El Tiempo, venerado periódico del país. ¿Cuándo nos imaginábamos una realidad tan impensable, del mundo del sub-uso, en un estrato antes tan digno? Que la sal se corrompa ya no es un despropósito. Cuando uno empezaba a estudiar Derecho, soñó alguna vez llegar a ser magistrado y leyó la historia del Consejo de Estado de Francia y de los perfiles para ser magistrado de los entes administrativos?
Qué cantidad de requisitos, qué lupa tan de grueso espesor para hilar la profundidad de calidades que se requerían. Sí que era difícil llegar a esa «alta posición» del poder judicial en el país donde llegó a ser modelo de exigencia para esos cargos.
Los candidatos debían tener una vida impoluta. Sin mancha, fuera de toda sospecha. Casi debían ser ángeles con 60 a 70 años. Se consideraba que los jóvenes no calificaban porque estaban expuestos a las veleidades de la fortuna o la ambición, o eran susceptibles a las palancas.
Solo se miraban los méritos: qué nivel de academia tenían, cuántos cartones académicos ostentaban y si habían sido funcionarios de la rama judicial, qué méritos y conducta podían mostrar y comprobar. Debían soportar la criba y estar por fuera de toda sospecha. Yo me gradué en 1988 y alcancé a conocer varios magistrados en ejercicio y aún recuerdo nombres y apellidos integérrimos cuando los conocí dignos en sus estrados.
Poco después empecé a ver cómo se empezaba a permitir que quienes habían ostentado esos altos puestos, con sus sueldos de altas prebendas, se admitían como apoderados de los grandes capos del narcotráfico porque estarían cerca de sus compañeros de magistratura.
Ya cualquiera podría haber vaticinado lo que llegaría a ser hoy en día. La conducta de Judas quedaba muy lejos de lo que es la pura realidad de nuestro poder judicial.
El Espectador también se ocupa hoy de señalar con nombres propios a la cúpula de las altas Cortes. Perdón, que ya no son tan «altas». Han descendido hasta lo más bajo. ¿Qué credibilidad tienen la Judicatura, la Corte Suprema? El maestro Salustiano Tapias con su palustre estaba más cerca de la sencillez y transparencia de su trabajo que los señalados maestros de maestros en la Rama Judicial de nuestro País.
O tempora o mores, se mesaba los cabellos Cicerón en el Senado en Roma cuando fustigaba a Catilina. ¿Quousque, tandem, Catilina, abutere patientia nostra? ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?, podemos gritarles en la cara a nuestros indignos Magistrados en quienes confiaba el país hasta hace unas pocas calendas. La dignidad de la Magistratura está en vilo. ¿Cómo así que aún duda algún Magistrado en renunciar por no quedar sin su silla con la espada de Damocles encima? ¿Pesa más el sueldo que la dignidad del cargo que está en ostensible sospecha?
No quedan ni las sobras en el fondo de la olla de las Cortes de lo que era la dignidad y el brillo de sus escaños y trayectorias. ¿Quién podrá defendernos de tales magistrados sin mayúscula?
18-09-17 5:48 p.m.
http://caracol.com.co/radio/2017/08/16/judicial/1502841452_663840.html



