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Viernes, 2 de octubre de 2026

EL DIÁLOGO DEL RÍO

rio cali
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Paso del Río Cali a lo largo de la Avenida Colombia

Quien pasa por sus orillas lo ve sonriente, sobrio a veces, otras como atarantado rodando desbocado y otras como hoy, lo vi coqueto y bisbiseante en la oreja de las piedras. Sus aguas estaban claras. Seña que por allá arriba no están escarbando mucho las gallinas de los metaleros.

El Río es un ser viviente. Vive de la montaña y sus cerros, de los valles que recorre, de la lluvia que le cae y del beso de los árboles que lo circundan y le baten ramas cuando está muy acalorado… Hoy lo sentí enamorado. Iba lento, dejando correr su lomo y con su boca entreabierta. Dejaba ver sus dientes porque estaba conversando con las piedras.

Fuera del lecho donde tiene su guarida, el Río tiene amigos que lo cuidan, le rozan sus piernas, su cauda larga y lo bañan y le quitan el mugre que gente insensata le bota sobre su mole casi inmóvil. El Río no puede hacer el quite como el toro en la faena. Debe aguantar la saña de los malos ciudadanos que echan sus desechos y de muchos industriales que le envían peligrosos ingredientes e instrumentos.

Esta mañana lo he visto con la cara alegre. Cantaba de una manera diferente. Otras veces parece un bajo solemne que barbota como un león encerrado. No sabe cómo quitarse de encima lo que le cae de gente insensible y oscura.

Quise acercarme varias veces para oír qué musitaba en esta mañana serena. Eran las 6:50 a.m. cuando pasaba por arriba de los gatos que acompañan al de Hernando Tejada. Allí hay una curva prolongada y un descenso que lo obliga a correr más rápido. Forma un torbellino y su voz se eleva desde las espumas que forman sus aguas que bajan sobre unas piedras que le reciben su puja. Ni tiempo le queda al Río para saludarlas o hablarles siquiera.

Más arriba sus aguas son muy serenas y las piedras son romas y pequeñas. Allí como que se detiene y se recuesta sobre ellas. ¿Qué les dirá a estas amigas bajitas y quietas? Su voz casi no se oye. Muy arriba, sobre el puente el Río siempre está contento. Allí tienen su aposento peces de varios tamaños que se esconden de quienes pasan y los miran con ojitos curiosos. Viven debajo de piedras añosas muy amigas del Río. Allí lo ve uno conversar con ellas. Los peces le oyen sus secretos y conocen cuándo está en celo el Río. Se levanta sobre ellas y las cubre con sus espumas. Les grita sus amores y les da gracias por mantener limpia su garganta.

Llegando al Museo de la Tertulia detiene un poco la marcha para mirar a los búhos y ver qué pintores están exponiendo en la temporada. Forma el Río una ensenada en donde a veces lanzan sus anzuelos inocentes pescadores. Ah, secretos que guardará el Río de todo cuanto ve y recibe y se lo contará a las piedras para que le ayuden a limpiar su cara a cambio de un beso continuo bastante mojado.

23-08-17                                  9:55 a.m.

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