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Viernes, 2 de octubre de 2026
lunes 22 mayo, 2017 a las 12:20 pm

POR EL PARQUE

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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Arco de swingleas en el Parque de Villa del Sol, Cali

He cambiado mis rutinas y ahora voy al Parque a caminar con paso firme y los hombros hacia atrás, la mirada al frente y un compás militar. Me hace falta la compañía pero aún no lo puedo remediar.

Aquí todo es cuadrangular, la cancha de fútbol y su grama, el camino en su derredor y la arboleda de samanes y abundantes swingleas. Va uno caminando al ritmo que uno mismo impone, porque hay gustos y modalidades. Algunas personas trotan, otras caminan para atrás, algunas parecen que estuvieran apostando maratón y los demás vamos a paso de peatón. En el camino unos pasan de largo y otros van con su perro detrás.

Yo mido el tiempo por el número de vueltas que doy alrededor del Parque de Villa del Sol. Aclaro que salgo muy de mañana para que no me dé el sol en la piel el abrazo de su furor. Aun así los brazos se me han bronceado y mi nariz luce un tris con rojo. Tal vez es el rastro de una uña indiscreta cuando me picó un rayo ultravioleta. Y eso que luzco con gorra de color según el buzo de manga larga o sudadera que use. Eso, sí, procuro llevar una distinta cada día porque no es un uniforme ni tengo rango de general. Apenas si soy un recluta a mi edad.

Voy rodando paso a paso algo apurado para estimular a la sangre que circule y brinde sudor. Claro que antes, como recomiendan los entendidos, me como un banano o una manzana, una pera o si hay una mandarina. A esa hora no he tomado el desayuno que lo dejo para cuando vuelva.

Camino erguido mirando muy al frente para no andar agachado. Por acá no se ven perros haciendo de las suyas y no hay peligro de quemarse, como se decía antes y no hay que andar mirando si el campo está minado de excrementos. La vista, entonces, la dirijo bien al frente para auscultar el horizonte en todos sus planos.

Hay multitud de árboles que voy saludando a medida que paso. Son cuatro o cinco vueltas que doy y apenas me responden con leve movimiento de sus hojas. Al lado de la vía principal hay una fila de árboles de swinglea de copa redonda con frutos no comestibles. Con el roce de las cabezas de los caminantes han tomado una forma arqueada y parece un regimiento de militares que forman una calle de honor para felicitar a los madrugadores atletas.

Aspecto de una calle con tulipanes rojos del Barrio Villa del Sol en Cali, 9:20 a.m. 20-05-17

Me extraña que haya tan pocos pajaritos por acá. Apenas si he logrado ver unos tres petirrojos durante este ya largo período. Oigo de lejos a los bichofués que tampoco es frecuente verlos. A veces pasan atronando con sus trompetas unos patos aprendices. No he logrado pescar en acción a los carpinteritos con su sonido ronco de matraca que tocan su canción encima de mí. Añoro a las señoras mirlas, las ardillas coquetas y al ave propia de río, el vistoso martín pescador. Ah, y a mis amadas iguanas. Ah! me olvidaba de los pequeñines canarios con su corto pío, pío.

20-05-17                                                9:01 a.m.

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