¿BUENAVENTURA?


Veinte empresarios, con residencia en Bogotá o en Miami, como una bestia demoniaca y de “siete cabezas” tienen en sus garras los ingresos que produce el Puerto de Buenaventura; a miles de hombres y mujeres sólo les queda la miseria mientras sobreviven sin agua potable, asistencia médica, educación y el desempleo.
De los cinco o seis billones que recibe el Estado cada año solo invierte el 3% para su “desarrollo”.
A la destrucción catastrófica de la dignidad humana el Estado colombiano le llama democracia. Mantener la miseria es rentable porque se conserva y perpetúa la esperanza a una urna electoral.
Quienes hemos trabajado en el Puerto sabemos que afuera bailan los dueños del banquete y de la fiesta, en tanto que de los socavones de la pobreza salen los fantasmas de los descuartizados y el desfile de los pobres a rescatar su dignidad.



