Cartas de Jamaica de los Quilichaos.

Tiene un aspecto de Buda tierno. La cabeza rapada al estilo de los Krishnas, donde insisten en sobresalir unas canitas como pelos de lechón mono. Parece un Maestro hindú: la piel quemada por el sol, la sonrisa marcada, de quien posee armonía interior y está en contacto con el infinito. Usa un collar con una bolsita de color terracota llena de ajos machos. Dice que es para que lo protejan de los vampiros, del mal de ojo, de las malas lenguas y de las almas desviadas.
Siempre me saluda con alegría:
__ ¡Hola Jesusito!
__¡ Quihubo Maestro! __ O, Reencarnación Vargas, le digo cuando lo veo a diario en el parque lineal, frente a la Cruz Roja.
El tipo anda con una mochila indígena en la que carga una lonchera de plástico y sus inquietantes apuntes sobre la catástrofe ecológica que empezamos a vivir.
Entre otras cosas, afirma que nuestro problema no es únicamente que el río Quilichao este habitualmente muerto, ni que necesita de la buena voluntad de San Pedro, para que las aguas lluvias lo reanimen; sino que nadie ha caído en cuenta de que nuestra población al paso que va, no es sostenible ni sustentable. Y que vamos a tener que trasladar el pueblo, o lo que quede de él, a la vereda San Pedro o a Dominguillo, para poder tomar agua.
Me sorprende que el Chamán maneje esos términos, de burócrata ambiental, pero para un personaje de estos que interpreta tantas dimensiones del conocimiento y del Ser; nada puede parecer desmesurado. En su mochila color tierra, también lleva unos documentos en el que acredita que fue coronado como Chamán, en Cunday, Tolima, en 1959, por el conde Racofí.
Cuando le da por contar las plantas de anamú, que todavía quedan alrededor del Técnico, realiza una ceremonia desconcertante. Parece poseído por un picaresco duende. Arrastra un bastón con mucha firmeza entre la maraña. Riega las plantas -como no lo hacen los parqueros del municipio- Pronuncia frases incoherentes y conjuros desconocidos. Se ríe a carcajadas: fuetea el aire con un palo y pelea con seres de otras dimensiones, poniéndolos en su sitio.
Estas furruscas extrasensoriales son pasajeras. Me inquieta su vocación de Gnóstico, sobre todo porque le veo poco futuro. En muchas ocasiones insiste en repartir volantes fotocopiados, con las consignas de: «Prohibido eyacular. No vote el semen que es sagrado. No se masturbe». (Y otras delicias eróticas, que aún no han podido caer bajo el control del ‘Gran Hermano’: son gratis y sin impuestos. Sin embargo están asociadas al pecado y a la culpa, que predican sus colegas de la cofradía.
Pero, eyacular que es tan rico y uno que es tan débil para los asuntos de la carne. Además es casi imposible sustraerse a tanta belleza silvestre; que le alborota a uno los instintos y lo deja en “pare”, frente a cualquier semáforo. Ni modo de apuntársele a la corriente del Chamán. Aunque puede tener sus razones. De todas formas, no le podríamos hacer una huelga de semen a las mujeres; porque, según versiones, tienen mucho consignado en los bancos; y no es paja.
Últimamente el Maestro ha tenido mucho trabajo, porque nunca se pierde un sepelio y como la «Flaca del garabato» ha estado tan activa, pues le ha tocado asistir hasta a cuatro entierros diarios. Sin embargo, esa vida social tan movida no lo estresa para nada. Nunca le he preguntado por esa afición tan insólita, más afín de una entidad como el conde Nosferatus, que de una persona mística; que conoce el pasado y el futuro de estos espíritus migrantes, en tránsito.
Tiene una visión muy particular sobre la oscuridad y el horror diario de la Nueva Edad Media, que vivimos. Afirma que: “Todo este caos corresponde a disputas interplanetarias de razas milenarias que están en guerra desde el principio de los tiempos. Ellos no han terminado de resolver sus Karmas de otras encarnaciones. Infortunadamente, nosotros, que estamos en la mitad del conflicto, nos toca sufrir las consecuencias, y hasta que nos utilicen como incautos, para perpetuarse en el poder, con la excusa de que quieren acabar la guerra y que alguno de los dos bandos (toda guerra es terrorista, decía Chan con Chan) la va a ganar, cuando lo que les interesa es seguir con el mejor negocio de todos los tiempos. Vivimos este instante cósmico, en un lugar donde confluyen unas coordenadas que están emitiendo energía oscura, desde los confines del universo, son energías del averno o de los huecos negros, que no respetan nada”.
“Hay muchos karmas pendientes sobre este espacio y nos tocará ver cosas peores, ya que los grandes intereses de lo alto no perdonan nunca. Aunque dicen ser muy cristianos y rezanderos, se hacen «los de las gafas», a la hora de reconocer que el cristianismo sin el Perdón y el Amor, no tiene ningún sentido”.
“Cuando desde otras latitudes y desde la misma Iglesia Católica, se los presiona para que zanjen sus disputas civilizadamente, recurren a los fantasmas del pasado para desenterrar los odios de otras décadas”.
_No le entendí ni polla, Maestro, le digo. Hábleme en quilichagueño, usted tiene una visión muy metafísica de lo que nos sucede.
Se queda callado y saca de su mochila un puñado de hojas de coca y empieza a masticarlas con placer.
_ ¡Cuidado, Maestro! Eso está prohibido pueden llevarlo a la cárcel, o hasta extraditarlo pa´donde los patrones del Norte.
_ No pasa nada, me dice. A ellos les gusta más la coca procesada que a nosotros, que sólo usamos las hojitas para calmar el hambre y el dolor de estómago. Son tradiciones de nuestros antepasados que no se pueden perder.
Él vive sintonizado en otro estado de conciencia. Nada que ver con el habitual melodrama diario de la parroquia. Conversa con las plantas y las constelaciones. Navega en un Internet Espiritual, a una velocidad supralumínica. Se codea con personajes transcendidos como Hermes Trimegisto y el alquimista Fulcanelli. Tiene los favores de Pacha Mama y de algunos Dioses del Olimpo.
Cualquiera podría preguntarle ¿Cómo hace para vivir en otra dimensión?
El Chamán del río le contestaría con su peculiar sonrisa que no tiene televisor, no escucha radio, no lee periódicos, no le interesa la vida de sus vecinos, no desea consumir ninguna de las cosas banales por las cuales la gente se mata. Por lo tanto no es extraño que lo percibamos algo solitario, desconcertante, misterioso; como si fuera poseedor de la libertad primera y última.
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