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SE FUE EL FILÓSOFO Y SEMIÓLOGO: NOS QUEDA SU ECO

umberto eco
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
umberto eco
Eco es su biblioteca. http://elpais.com/elpais/2015/03/26/eps/1427393303_512601.html

Los libros no están hechos para que uno crea en ellos,
sino para ser sometidos a investigación.
Cuando consideramos un libro,
no debemos preguntarnos qué dice,
sino qué significa.
Umberto Eco
.

Nos quedará por mucho tiempo más en las neuronas la figura un tanto obesa y bonachona de Umberto Eco. Parecía un monje medieval por su pensamiento, su capacidad monumental para escribir y porque sus escritos versaban sobre temas algo trascendentales y metafísicos. Lo podríamos sentar junto a Giordano Bruno, Tomás de Aquino o Abelardo y tomar sus lecciones por días y noches enteras.

Eco parecía un hombre que vivía y pensaba fuera del contexto del ciudadano común de este mundo posmoderno. Su mirada iba más allá de las calles de hoy, por las cuales casi no transitaba. Vivía en compañía de su imaginación en vastas bibliotecas de conventos, en salas llenas de astrolabios, telescopios y donde quedaban restos de sustancias y pócimas de las que usaron los alquimistas para encontrar el secreto de convertir en oro y ensalmo las cosas más abstractas que ni nombra el hombre actual.

Se fue Umberto y nos dejó su Eco. Tal como lo oímos. Él no era un hombre para el mundo de hoy. Si lo hubiéramos conocido de cerca tal vez se nos parecería a Diógenes o a Tales de Mileto o a Homero, a Virgilio o a Epicteto, a Descartes o Erasmo de Rotherdam, a Cervantes o a Bretón. Vivió entre nosotros sin parecerse a nosotros. No se dejó contaminar de la cantinela del modernismo, ni fue un maldito, ni se dejó encasillar en entimemas o entelequias o cuadrículas o laberintos.

Es autor de Cómo se hace una tesis, El nombre de la rosa, Los límites de la interpretación, El péndulo de Foucault, Cinco escritos morales, Historia de la fealdad, Historia de las tierras y los lugares legendarios, La historia de los novios, Arte y belleza de la estética medieval, El vértigo de las listas, En qué creen los que no creen, El cementerio de Praga, La isla del día antes, Análisis estructural del relato, La estructura ausente, Baudolino, Decir casi lo mismo, La misteriosa llama de la reina Loana, Número cero y el último que tomó para el título una invocación a Pluto del canto de Virgilio en la Comedia de Dante: Pape Satan, aleppe, Padre Satán, cuidado.

Qué cantidad de bibliotecas acumulaba su prodigioso cerebro. Su fecundidad era monstruosa como las maravillas de la abadía de Montserrat en la escarpada montaña. Para acceder a su escritura había que subir por miles de gradas y llegar como en vértigo para superar la dificultad y profundidad de su numen.

Leer a Eco no es tarea ni camino plano y fácil. Yo tuve como libro de cabecera Cómo se hace una tesis en mis clases de metodología. No era cuestión mecánica ni pasos medidos para hacer resbaladizo el camino que baja del hoyo por donde se descolgó Alicia. Para encontrar el final había que entrar la cabeza por la rendija que desde afuera se ve más oscura. Hasta que llegó la era del ordenador con sus trampas y envolvió a mis alumnos de posgrado en la simple copia, para oír Decir casi lo mismo.  

22-02-16                             12.10 p.m.

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