El poder de la mente es un hecho perfectamente real

En mis andanzas por la Internet a veces encuentra uno textos interesantes que lo hacen a uno volver a reflexionar sobre asuntos de vital importancia para la calidad de vida personal. Me parece solidario con los lectores de Proclama del Cauca, compartir los dos textos siguientes, que espero, en algo puedan contribuir «mágicamente» a nuestra supervivencia cotidiana de mejor manera. Dios les bendiga. AJLG.
Cambiar el destino con el poder de las palabras
Un historia que enseña cómo cambiar el destino. Una forma de comprender el poder de la palabra y cómo esta puede transformar nuestro presente y futuro.
Un día, Thomas Alva Edison llegó a casa y le dio a su mamá una nota.
Él le dijo a ella: “Mi maestro me dio esta nota y me dijo que sólo se la diera a mi madre”.
Los ojos de su madre estaban llenos de lágrimas cuando ella leyó en voz alta la carta que le trajo su hijo.
“Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor enséñele usted”.
Muchos años después la madre de Edison falleció, y él fue uno de los más grandes inventores del siglo. Un día él estaba mirando algunas cosas viejas de la familia. Repentinamente él vio un papel doblado en el marco de un dibujo en el escritorio. Él lo tomó y lo abrió. En el papel estaba escrito “Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela”.
Edison lloró por horas, entonces él escribió en su diario: “Thomas Alva Edison fue un niño mentalmente enfermo, pero por una madre heroica se convirtió en el genio del siglo”.
Qué impresionante la reacción de la mamá, ¿verdad? En lugar de leer lo que realmente decía la carta, y habiendo podido hacer sentir menos a su hijo, le dio un giro completamente y ¡le inyectó seguridad y certeza a su hijo! Le hizo creer que era un genio y se lo creyó tanto, que creció y murió siéndolo.
El simple pero poderoso poder de las palabras
Es asombroso el poder que tiene el poder de la palabra y como puede cambiar el destino, tiene el poder de tomar la acción y convertirla en una pesadilla o en un paraíso, de ahí el dicho primero debemos pensar antes de actuar. Es tan poderosa la palabra y su capacidad de cambiar el destino que en muchas situaciones debemos hablar en voz baja para que los niños no escuchen para que ellos no aprendan palabra incorrectas, claro que la bondad de un niño no puede interpretar el contexto de las palabra y repetir todo lo que escuchan sin control haciéndonos pasar por vergüenzas.
Cambiar el destino es posible y la palabra tiene poder de hacerlo, eso algo muy claro; desde tiempos inmemorables, el destino de naciones e imperios dependieron de la palabra de su emperador y aun en nuestros días la palabra puede colocar a una persona en grandes cargos públicos, pero que pasa cuando las palabras que nos repiten de niño van arraigando en nuestro pensamiento y se hace casi imparable, haciéndonos dudar de nosotros mismos, por ejemplo existen muchas palabras que causan limitaciones en nuestra capacidad como lo son:
No puedo
Soy pobre
No tengo
No se
No lo intentare
¿No hay comida? o ¿Hay comida? Prácticamente la pregunta es la misma, pero en la primera ya estamos condicionando que NO HAY.
Son palabras destructivas que muy posiblemente han marcado nuestra vida y por ende nuestro destino, la buena noticia es que nuestra mente es tan maravillosa y poderosa que es totalmente programable, así es, programable como un computador, y el método más eficiente para ello es la Hipnosis Clínica, que nos proporciona la ruta directa a nuestra mente inconsciente dándonos una nueva oportunidad de rehacer nuestros pensamiento y posiblemente cambiar el destino.
Experiencia que evidencia el poder de la palabra
Con la Hipnosis Clínica es posible superar fobias, miedos irracionales o incomprensibles, aumentar la autoestima, la fuerza de voluntad, atraer el positivismo, tratar enfermedades de origen psicosomático, dejar el alcoholismo o el tabaquismo, superar la adicción a drogas, juegos de casino, pornografía, etc. La hipnosis clínica junto al poder de las palabras ayudan a que la calidad de vida mejore y en efecto poder cambiar el destino.
Recordemos, si nuestro vocabulario es pobre y pesimista, así es nuestra vida. Queremos abundancia, queremos paz, queremos ser felices, etc., pero con nuestra boca declaramos todo lo contrario.
De nuestra propia boca depende nuestro éxito, nuestro futuro y el de las personas que dependen de nosotros, empecemos un cambio en nuestra vida. La hipnosis clínica es una poderosa herramienta que está al alcance de todos, recuerde que lo que se decreta se concreta.
Cuando la mente es la que crea la enfermedad
La neuróloga Suzanne O’Sullivan retrata en un libro a los pacientes que tienen trastornos psicosomáticos, es decir, que sufren síntomas físicos de enfermedades que no tienen.
La mayoría de la gente acepta sin problema que el corazón le palpite con fuerza cuando ve a la persona de la que está enamorado o que le tiemblen las piernas cuando va a hablar en público. Son emociones que provocan síntomas físicos reales. Sin embargo, cuesta aceptar que los mismos pensamientos que te encogen el estómago puedan llegar a provocar dolencias tan graves como ceguera, convulsiones o parálisis. Y sin embargo, así lo recoge Suzanne O’Sullivan en su libro Todo está en tu cabeza (Ariel, 2016), en el que hace un repaso por algunos de los casos de enfermedades psicosomáticas más impactantes con los que ha lidiado a lo largo de su carrera.
Una vez, la neuróloga O’Sullivan tuvo una paciente llamada Linda que se había notado un pequeño bulto en el lado derecho de la cabeza. Era solo una acumulación de grasa, pero no dejaba de hacerse pruebas y comprobaciones. Al poco, perdió la sensibilidad del brazo y la pierna derechos: la paciente estaba segura de que el bulto había llegado al cerebro. Cuando O’Sullivan la vio, la parte derecha de su cuerpo, donde tenía el bulto, había perdido todo movimiento y sensibilidad. El hecho de que Linda no supiera que la parte derecha del cerebro controla la parte izquierda del cuerpo había hecho que su mente se equivocara al crear sus síntomas. Linda sufría un trastorno psicosomático: sus pensamientos le causaban síntomas de una enfermedad que no tenía.
«Tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien dentro de ti y que no lo estás viendo»
Cuando O’Sullivan se estaba especializando como neuróloga, le enseñaron a despachar a los enfermos que tenían síntomas físicos causados por conflictos mentales. “Todos mis pacientes tenían convulsiones pero en el 70% de los casos no tenían epilepsia: por más que les examinaba no encontraba ninguna lesión ni causa neurológica que explicase sus síntomas. Tenía que ser algo psicológico”. Pero decirles que no tenían epilepsia y mandarlos a casa no les suponía ningún tipo de consuelo, así que la doctora se sintió obligada a encontrar la manera de ayudarles.
Fue en 2004 cuando empezó a hacer algo al respecto. Desde entonces, cuando da con un paciente con síntomas pero sin lesiones neurológicas, intenta hacerle entender que el origen de sus males es un problema psicológico que no está resolviendo bien. Pero los pacientes no suelen aceptar este diagnóstico. “Tienen un estrés mental del que no son conscientes y alguien les está obligando a enfrentarlo. Esos síntomas son una manifestación del organismo: tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien dentro de ti y que no lo estás viendo”, cuenta la neuróloga.
Nadie está a salvo de estas enfermedades, hay cientos de causas que las originan. Según O’Sullivan, los casos muy extremos, como los ataques o las parálisis, suelen nacer de traumas psicológicos severos; los menos graves pueden surgir de un cúmulo de agobios pequeños que los pacientes no saben gestionar. “Depende de la atención que la persona presta a los dolores. Si se obsesionan y tratan de buscar una y otra vez una explicación médica que no existe, es posible que acaben desarrollando la enfermedad psicosomática”, explica O’Sullivan.
«Las discapacidades que ideamos son tan infinitas que ya he dejado de creer en los límites».
Para curarse, la atención psicológica es indispensable. Según O’Sullivan, lo primero es abandonar la idea de que hay una enfermedad orgánica. La siguiente fase es ver cómo la mente afecta al cuerpo: si sientes palpitaciones y te das cuenta de que tienes ansiedad, empezarán a ser mucho menos graves al saber por qué están causadas. Pero si las asocias a problemas del corazón y las pruebas médicas no reafirman tu idea, probablemente te obsesiones y las palpitaciones empeoren.
“A veces los pacientes desean desesperadamente que encuentres un mal resultado en las pruebas, que pongas nombre a su enfermedad y les recetes unas pastillas que justifiquen sus dolores”, cuenta la neuróloga. Este problema es mucho más común de lo que parece. El 30% de las personas lo sufre y la inmensa mayoría ni siquiera lo sabe.
Tras más de diez años de dedicación a las enfermedades psicosomáticas, Suzanne O’Sullivan sigue sin poder elegir cuál ha sido el caso más grave que ha visto. “Los casos más duros son los de la gente que enfermó cuando tenía 16 años y a los 50 sigue viendo a médicos. Están ciegos o en silla de ruedas y siguen operándose. Hay gente que conozco que come a través de un tubo pero no tiene ninguna enfermedad orgánica. Cada parte de su cuerpo ha sido afectada por su mente”. Para Suzanne O’Sullivan ya nada es increíble. “Las discapacidades que creamos con nuestra mente son tan infinitas que ya he dejado de creer en los límites”.





