Una Profe especial


Hay personas que de verdad tienen un carisma especial y aman su oficio de una manera tal que se hacen querer por todos quienes tienen el gusto de conocerlas.
Así es la profesora Suzuki, una gordita especial, sencilla, buena gente, maravillosa.

Llevo años tratándola. Con ella dan ganas de aprender japonés porque se entrega a sus alumnos y los ayuda en lo que más pueda, incluso estira su tiempo para dar clases particulares en caso de que uno no pueda asistir al horario programado.
Pero lo que más me llama la atención es su servicio comunitario y desinteresado con los niños y adolescentes que vienen de otros países y que tienen muchos problemas de adaptación a la escuela japonesa. Sucede mucho con los suramericanos y ella que fue profesora los entiende muy bien y sabe que son discriminados simplemente porque no saben hablar o son diferentes y, que si se dan por vencidos fácilmente abandonaran la escuela.
Con su infinita paciencia y sabiduría busca traductores para que vayan a las escuelas y sirvan de puente entre los profesores y padres de familia preocupados por el futuro de sus hijos. Está detrás de ellos como gallina cuidando sus pollitos y ayudando a organizar seminarios y eventos educativos.
La señora Suzuki es la coordinadora de las clases de japonés para extranjeros y trabaja unida a su grupo de voluntarios, a quienes les encantan los idiomas y relacionarse con gente de otros países. Todos son muy amables: jubilados, amas de casa, estudiantes universitarios que imparten sus clases gratuitas en centros comunitarios los viernes en la noche y sábados en la tarde. Allí asisten chinos, filipinos, coreanos, vietnamitas, africanos y latinoamericanos deseosos de aprender la lengua de los nipones.
El ambiente es muy agradable porque se organizan paseos y comilonas de integración. Todo es subsidiado y es una forma especial de hacer nuevos amigos y culturizarnos.
En la fiesta de fin de año tuvimos la oportunidad de probar comida de diversos países preparada por los alumnos y luego formamos grupos para cantar canciones en inglés, español, filipino y chino.
La profesora Suzuki se esfuerza por tener un repertorio variado y consigue magos, artistas y hasta bailarines para amenizar las fiestas.
Justamente ella me dio la bienvenida como nueva profesora de español y yo tuve la oportunidad de ver bailar a una de mis alumnas que es profesora de flamenco, la señora Saito. Otra alumna mía, que se llama Miwa, improvisó una canción cubana en un español muy particular. Nos hizo reír con su picardía.
Me siento orgullosa de pertenecer a este grupo de voluntarios que tenemos el reto de ponerle color a la vida y hacer del aprendizaje una aventura súper enriquecedora.
Y claro, doy gracias a Dios por darme esta gran oportunidad.



