EL MARRANO DE NAVIDAD


La primera vez que escuché los guarridos de un cerdo mientras lo mataban fue terrible. En los pueblos y fincas los apuñalan, le calculan el corazón y entierran el puñal de una. Pero los cerdos no mueren fácil. Chillan y chillan mientras se desangran, y hay que tener coraje para después de eso comérselo sin remordimientos. Me dicen que en las ciudades, ahora, los electrocutan y así mueren mejor.
En muchos hogares ponemos en la sala un pesebre con Niño Dios y en la cocina asamos la carne de cerdo para celebrar. La navidad, es de alguna manera, una fiesta para el espíritu y un festín para el estómago. Porque si, el rito de las celebraciones y reuniones familiares tienen que ver con la comida. Y como tenemos tradiciones carnívoras, pues a ello, en navidad y fin de año, a comer se dijo. El cerdo asado es delicioso. El pavo es simple, pero igual, nos lo comemos sin miramientos.
En mi niñez era frecuente que algún vecino, la noche de navidad y la de año viejo sacara su revólver y dispara al aire mientras los demás aplaudían. Incluso hoy, en muchos pueblitos, algunos vecinos sacan pólvora y queman “cuetones”, volcanes y otros explosivos para alegrar borrachos, y terminar asustando a niños y animalitos. Porque tenemos que decirlo, para muchos pueblerinos, navidad sin pólvora no es navidad. Así los criaron, así los mal-enseñaron.
Hoy en día, eso de quemar pólvora ya es costumbre fea, mañosa y peligrosa. Solo los pueblerinos, o citadinos analfabetas que no entienden los mensajes institucionales siguen quemando pólvora. El siglo pasado dejó muchos ciegos, mutilados y enfermos por accidentes con pólvora. A veces no se entiende el significado de la palabra “accidente”, que implica algo inesperado, que no se puede prever, que pasa de manera extraña incluso a los expertos, que son hechos que atentan contra la vida. Pero el problema de la pólvora, además de peligrosa, hoy en día tiene que ver con los traumas que le causan a las mascotas, y con la prevención de incendios a casas y barrios enteros que han ocurrido.
De niño me llevaron muchas veces en fiesta de Reyes a ver corridas de toros. Un espectáculo que hizo (o hace) parte de las tradiciones de muchos pueblos y familias. Recuerdo que una vez trajeron un torero español a Popayán que le clavo 17 veces la espada al pobre torete, y ni así lo mató. Yo no sé si eso sea común en las plazas de toros del mundo, pero un acto así me pareció criminal. No es gratuito entonces que muchas personas aboguen por acabar con esta tradición, y por lo tanto, ya son menos las personas que celebran las fiestas de navidad y reyes con asistencia a corridas de toros.
Las paradojas de la vida. Mientras por un lado algunas personas defienden a los animalitos para que no sufran con las explosiones de la pólvora y no se sigan haciendo corridas de toros; en privado, en donde nadie ve, se siguen matando millones de aves, cerdos y vacas para el festín de las reuniones y cenas navideñas. No es descabellado pensar que no demoran, en hacer campañas para que no se coma ni cerdo ni pavo en navidad, o mejor, para que no se coma carne en navidad.
Llegado a este punto, puede uno pensar que las celebraciones católicas de la navidad fueron mal diseñadas, y que con el tiempo, se están corrigiendo las cargas y las fallas. O que las nuevas formas de celebrar obedecen a cambios de mentalidad y hábitos para un nuevo siglo. También podría uno pensar que la navidad tal y como se celebra hoy desaparecerá muy pronto. Y entonces, todo será un asunto de centros comerciales, negocios y papa Noel, que nada tiene que ver con la religión. Y nos quedaremos con las ferias mercantiles de calzones amarillos, licores y electrodomésticos. Porque si bien mucha gente puede ser capaz de no tirar pólvora, no comer cerdo y no emborracharse… no creo que le sea fácil dejar de gastar y gastar, porque sencillamente, es navidad.
APOSTILLA. La navidad es para recordar a los cristianos sus principios religiosos. Para incentivar a los niños la creencia en el Niño Dios. Pero creyente o no, es la oportunidad para reunirse en familia, conversar con ellos, saber cómo están, qué hay de sus vidas. Feliz navidad, para todos mis lectores, amigos y familiares.
* Por vacaciones esta columna dejará de publicarse en los próximos días.




