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Jueves, 1 de octubre de 2026

LA COLOMBIA QUE YO QUIERO

La Colombia que yo quiero - Gloria Cepeda Vargas
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

La Colombia que yo quiero - Gloria Cepeda Vargas

…
Adiós, negrita desnuda
boga de la Magdalena,
adiós, chachajo de ruda
y ensortijada melena,
adiós, adiós. El retrato
de marimba y alabaos,
de cununo y vallenato
de iglesias y de mercados
carnicera que te apaña
en el eco que te nombra
en la niebla que te engaña.

Fragmento del poema La Colombia que yo quiero. GCV.

Gloria Cepeda Vargas tiene por qué cantar a Colombia como a una niña negrita y tiene por qué llorar por esa Colombia en que vive. Pasó sus años de niña en el puerto de la Buena Ventura y es hermana de un colombiano que yace bajo la saña de una bala enemiga.

En estos duros años que le ha tocado vivir y en la altura de su mira ha tomado la lira en la oscuridad de la noche para contarle a la Luna sus pesares y su queja. Trae en su espalda un fardo de preguntas, de ayes, de lugares y cometas y las ha elevado a los vientos. ¿Quién la oirá y responderá por esos lamentos que hacen eco a otras caras y otras voces que no oímos?

Su poesía es un laúd sagrado, una guitarra triste con cuerdas rotas y sonidos sordos de humo, ceniza y fantasma cruel. A Gloria Cepeda no le cruje la garganta. Es trompeta y clarín, con mirada de halcón y vuelo de cóndor andino. Ella no se asusta al trotar de los caballos ni al acezar del perro de presa. Pero sí ha montado sobre la nube para mirar las piernas mutiladas o los huérfanos sobre tablas rotas que dejan los cascos musicales y las aureoladas crines y el piafar del cuero de tambor detrás de la refriega.

Cómo caen como piedras de fuego las palabras de estos poemas sobre la memoria de Colombia. Ni siquiera hay pausa para ver una navidad como última fiebre de un año que se extingue sin paz. Colombia es como una vieja arrugada y una niña acurrucada en el filo del zaguán. Al final ella ha oído un eco no sabe dónde ni cuándo que le responde: volá, como si ella fuera un pájaro de juguete.

El lirismo de la poeta se ha quedado corto. La verdad ha superado a la terquedad de los hechos. 60 años no han bastado para oír la sinfonía del desastre que se alarga y se enlaza con la corrupción, el desenfado de los gobernantes y el ojo ciego para no querer ver un poco hacia el futuro de niños y jóvenes hijos de esta época oscura de la patria y de unos ríos que ya no tienen lecho ni sombra de arboledas.

La Biblioteca del Centenario, la decana de las bibliotecas públicas en Cali albergará el próximo jueves a las 6:30 p.m. a la voz más clara de la poesía colombiana en Otra noche en Colombia, editado por Cuadernos Cuatro Tablas de Amadeo González.

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