16 años de la masacre de El Salado


Periodista y Poeta
Las polvorientas calles del Corregimiento de El Salado, municipio de Carmen de Bolívar, en los Montes de María, fueron testigos de la horrorosa masacre cometida por los paramilitares, entre el 16 y 21 de febrero de 2000.
La masacre de El Salado fue perpetrada por 450 paramilitares, apoyados por helicópteros, asesinaron a 60 personas en estado de total indefensión, produciendo desplazamiento masivo y los hombres fuertemente armados no permitieron a los sobrevivientes sepultar a sus seres queridos.
Las gaitas y tamboras, ya no son las mismas después del paso del escuadrón de la muerte por las calles de El Salado.
Hoy renace la memoria de las víctimas y para no repetir la historia queda el libro El Legado de los Ausentes, una recopilación de perfiles emblemáticos en la reconstrucción de este pueblo, a través del Centro Nacional de Memoria Histórica, que mediante relatos de familiares, amigos y conocidos, propende no repetir la historia y dejar huellas en la memoria.
“… recordé gratos momentos vividos en El Salado, este pueblito de mi alma donde pasé mi niñez, se conserva todavía la casa donde me crie. En mis sueños te recuerdo como eras anteriormente, cálido y acogedor, de sanas costumbres y ese calor de tu gente”, cantó Edilma Cohen, sobrina de Pedro Eloy Cohen, uno de los líderes ausentes a los que se les rindió el homenaje.
Reparación colectiva, paz interior en cada uno de familiares de las víctimas y que mengüen este oscuro e imperdonable recuerdo que según testigos, los paramilitares desmembraban y torturaban a los pobladores con motosierras, destornilladores y piedras, mientras bebían licor saqueado de las tiendas, violaban mujeres, jugaban fútbol con las cabezas de los decapitados, ahorcaban jóvenes, apaleaban ancianos y mujeres embarazadas mientras escuchaban música a alto volumen.
280 personas fueron desplazadas, entre mujeres, hombres, ancianos, niñas y niños.
Saludo de recompensa espiritual a la gente de El Salado y que su resistencia premie sus vidas con dignidad.
Memoria
Escribo y te escribo porque me niego a olvidar, a morir, a callar,
porque no quiero ser portadora de una alma que no suspenda el baile,
cuando al otro, a la otra, les oprime la muerte.



