Y YO, DELE QUE DELE


Abrigaba la esperanza de que el alcalde César Cristian tuviese el buen sentido de comprender el absurdo que representa tener cerradas a la circulación las calles aledañas al Parque de Caldas. Pero transcurrió un año de su administración y sigue empecinado en tan inconveniente medida.
Nadie podrá hacerme entender el que un turista que viene de visitar el Santuario de Belén, o el Museo de Arte Religioso y pretende llegar al Hotel Monasterio, donde se aloja, sea desviado en la esquina de la Alcaldía hacia el Banco de la República, de allí hasta la esquina de los próceres Mosquera, Caldas y Arboleda y luego, “chúpete”, calle de Baudilia abajo, hacia la galería y el barrio Bolívar directo hacia Cali. Por supuesto que nuestro visitante es el más desconcertado y “ni por el carajo” quiere regresar a este laberinto.
Y qué decir del que viene del Panteón de los Próceres y aspira a llegar a la Torre del Reloj, una cuadra a la vista. Sin explicación alguna se lo desvía hacia San Francisco, dos cuadras, de allí cruce a la izquierda y suba otras dos cuadras para llegar s a su destino. Total, cinco cuadras en lugar de una.
Y aquel que llega de visitar la Casa Negret y busca llegar al “Camino Real, de Mister Simmonds y en la Torre del Reloj es desviado hasta la congestionada de buses calle 7, gire a la izquierda hasta San Agustín y suba otras dos cuadras. Total cinco en lugar de una sola.
A una ciudad con tan escasas vías, ya atiborradas de vehículos y a la que cada día se le incorporan diariamente más y más automóviles, amén de muchas motocicletas vendidas con la sola cédula, no es justo ni conveniente, se le impongan medidas tan absurdas como restringir la circulación vial en su corazón, infartándolo gravemente. No se la debe someter al caos que representa semejante restricción.
Señor Alcalde, en sus declaraciones sobre su primer año dijo que había sido el de Planeación, no de ejecución.
Sus proyectos debía tenerlos concebidos desde cuando presentó su aspiración a regir los destinos de la ciudad. No un año después. Y si hay algo urgente es solucionar el problema de la movilidad.
La peatonización es un bumerang peligroso, pues se convierte en una licencia para convertir todas las calles del centro histórico en plaza de mercado. Y estamos suficientes de canastos de frutas, carretillas de hortalizas, asaderos de chuzos, y ventas de calzoncillos en el centro de nuestra ciudad. Por favor, póngase las pilas. Despéjenos las vías del Parque de Caldas y verá cómo respiraremos profundamente los payaneses. Y, además, cómo se lo agradeceremos.
Su notable éxito con las fiestas de cambio de año, no puede ser lo único positivo que pueda mostrarnos su administración.



