Y qué de…


¿Y qué de la campaña política?
Un pueblo, un campaña, una opción; sin lugar a dudas hemos sido testigos con el pasar del tiempo, como uno y otro candidato elegido o no por el pueblo; ha hecho y deshecho en los diferentes cargos administrativos con se supone, el dinero del pueblo.
En inicio de nuestra civilización y en aras de un manejo eficiente y productivo de los recursos de un pueblo; a nuestra voluntad se ha presentado la capacidad de poner y quitar reyes.
A través de una verdad tergiversada llamada “Democracia” que defendida por unos y mal utilizada por otros, toman a bien manipular el concepto ideológico de un pueblo, y lo utilizan con mil figuras para sustentar un deseo personal y en una caravana de actos sin fin, presentarle a un público que extasiado por promesas y mágicas exhibiciones acompañadas de histriónicas proezas, una luz de esperanza que se levanta en medio del clamor de un pueblo sediento de cambio.
¿Y qué del culpable?
Que de aquel que tiene el poder, que del personaje que motivado quizás por un sueldo bastante atractivo, o por promesas de cosechar una vida política que asegure sus beneficios; porque aunque los ideales sean de naturaleza noble; prima en una sociedad egocéntrica y acomodada mi condición y futuro ante la necesidad social; que lamentablemente en época de campaña se convierte en el combustible ideal que asegura quizás no los votos, pero si el impacto de masas con el cual se vende toda esta faena de característicos personajes que simulan ser sacados de la más fantasiosa historieta.
Qué del sentimiento, de necesidad de ser escuchados, qué de la oportuna manera de mostrar nuestra realidad, y elevar nuestra voz como si fuese a ser resuelto nuestro problema; no se vuelve esto en más que un vaya y venga de razones por las cuales debo votar por él o debo votar por ella; y así no somos más que números; que quizás logren la diferencia, quizás no lo hagan; porque a ciencia cierta en este país, el país de las verdades arregladas; todo está bien y aquí no ha pasado nada.
Qué tu harás, qué yo hare, no podemos definir eso ahora porque quizás a la hora del té; al son que mejor nos toquen bailamos y sin embargo seguiremos a pesar de tantas quejas, sumergidos en el cuento mal echado desde años atrás que le echaron al papá de mi papá.




