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Jueves, 1 de octubre de 2026
lunes 25 junio, 2012 a las 11:50 am

VOY A LA MÉDICA

Reinel Gutiérrez
Desde que la cultura de ama de casa cambió, la mujer se dedicó a estudiar, a capacitarse, y formar parte de una sociedad emprendedora y progresista. Ninguna de ellas, por este tiempo moderno, quiere desempeñarse vocacionalmente y como destino, a tener hijos, y mantener un hogar con todas las de la ley.

Ellas quieren ser profesionales, y como mínimo, hacer una tecnología en algo, porque su vida va más allá del umbral de la puerta. Así se desempeñan miles de mujeres en la vida administrativa pública, o en la empresa privada.

Algunas además de vestir, peinarse y maquillarse bien, aumentan la vanidad femenina cuando reciben el trato de doctora, que es un aliciente tan poderoso como el más caro perfume.

Son respetables funcionarias, elegantes profesionales, y su desempeño es óptimo en todas las situaciones.

Pero todavía no han logrado penetrar en la idiosincrasia, la cultura y la costumbre de los colombianos, para referirnos a lo nuestro en Colombia, porque como cosa rara, la gente sigue prefiriendo al hombre para todos los menesteres.

Los enfermos siguen diciendo me  voy para donde el médico, y no para donde la médica. Una obra de construcción se la adjudican a un ingeniero y no a una ingeniera, y cuando se trata de un problema jurídico, siempre se oye decir al ciudadano común y corriente: «Tengo que conseguir un abogado». En asuntos de alta contratación, y en estos momentos de escándalo nacional, podría estarse hablando de las Nule, pero no, son los Nule.

Entonces qué ocurre. ¿Será que no se confía en ellas? ¿En esto tendrá que ver el machismo tan impregnado en el actuar de todas las generaciones? La respuesta tal vez la tengan ellas.

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