VIRTUDES CÍVICAS
Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural de Piendamó
Junio 20/2013
Don Hermenegildo Murillo, padre responsable y como tal, hombre precavido, quien, desgraciadamente no tiene el don de la ubicuidad ni la sabiduría con alas del Espíritu Santo…
Quien, tampoco, es funcionario público a quien le pagan, le dan viáticos y bonificaciones por cuanta reunión a puerta cerrada o en espacio abierto y comunitario se atraviese, para sentarse a toda hora del día y la noche como si no tuviera más que hacer…
El señor Murillo, digo, quien no está disponible como policía o como ladrón le resulta impracticable con sus hijos, pasar horas enteras frente al televisor o la emisora y desmenuzarles cada noticia como si se tratase de enseñar a comer pescado bocachico…
Que no puede seguirles la pista a, y por cuanto sexo-internet se internen o pesquisarles la mirada que dirijan por cuanto folletín, afiche o impreso circule en las calles y puestos de revistas…
Con la poca autoridad que le deja la constitución para tales menesteres…
Y para que después no le vengan con el cuento de que no les advirtió y expresándose en buen castellano para que le entiendan, a fin de que no le toque repetir la cantaleta, les dijo a sus tres vástagos sin más pelos en la lengua:
Tres son las virtudes que debéis cultivar:
Ni se os ocurra soñar para que después no tengáis pesadillas que lamentar. El que manda, manda aunque mande mal. Quien tiene el poder, tiene toda la razón. Y cuando no le asiste la razón, lo acompaña la fuerza. Y no teniendo la fuerza le asisten los subsidios. Y como comprenderéis, en esta como en todas las épocas: a falta de pan, buena son hojaldres. Así que del ahogado, el sombrero…
Ni se os ocurra averiguar, preguntar, dudar y menos protestar porque quien demasiado averigua, pregunta, duda y se le ocurre protestar termina teniendo enemigos en la propia casa, o desaparecido con un reguero de hormigas en la geta o de balsa con un gallinazo en la barriga…
Y para terminar, porque veo que os aburro, ni se os ocurra, en fin: socorrer al vecino, abrir la puerta a desconocido, prestar colaboración, solidarizarse o meter las narices donde nadie os ha llamado: los únicos muertos que resucitan son los políticos, los únicos osarios que valen la pena son los que cobra la iglesia católica, los únicos favorecidos son los hijos de los que mandan, los únicos enterradores son los propios asesinos.
Y en diciendo esto, abrió la puerta de la calle y con voz solemne, sentenció: que Dios os lleve con bien.



