Villoro en frases
Por AJLG
El pasado sábado (11 de febrero de 2012 desde las 11:00) tuve la oportunidad de participar en una videoentrevista, titulada «De crónicas y ornitorrincos», con el escritor, maestro y periodista Juan Villoro, gracias a la oportuna invitación que me cursara la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Villoro compartió su experiencia en la práctica del oficio mezclando géneros tan diversos como la novela, el cuento y el ensayo para la elaboración de una crónica.
Las siguientes fueron algunas de sus más importantes frases:
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En Periodismo, es inevitable ser subjetivo…
Debemos tratar de que esa emoción que sentimos se transforme en información. Es difícil, pero posible…
Este es un trabajo que requiere de una habilidad chamánica o psicoanalítica…
Lo importante es la vida secreta de los hechos públicos…
Parte de la destreza del periodista es tratar de reproducir la vida interior de sus informantes…
Todo el mundo tiene derecho a ser neurótico…
Los políticos son grandes farsantes especializados en la mentira…
Política: el teatro de la simulación…
La crónica tiene elementos de muchos géneros a condición de no ser ninguno de ellos…
Cuando yo no recuerdo algo siento que no lo merezco…
Muchas veces las peores fechorías se cometen en nombre de las grandes ilusiones…
Las siguientes, fueron extractadas de una entrevista que concedió Villoro a la revista Semana:
«Estudien, muchachos, o van a acabar de periodistas»
(Título de su conferencia para inaugurar este semestre de la Maestría en Periodismo de Publicaciones Semana y la Universidad del Rosario)
La historia muestra que tenemos mucho pasado por delante…
Lo importante no es la sangre sino la vida que se pierde con la sangre…
Aunque no sea la forma dominante, el periodismo impreso tiene el papel asegurado…
Crear asombro a partir de lo que todo mundo conoce es uno de los mayores desafíos narrativos…
Fuentes ha dicho, con toda razón, que tenemos problemas grandes y políticos pequeños. Peña Nieto no solo es ignorante: es un hombre incapaz de enfrentar circunstancias elementales, como la de dar el nombre de tres libros. Lo que está en juego no es su erudición, pues no aspira a ingresar a Harvard, sino su habilidad para enfrentar circunstancias públicas. Ya sabíamos que era un robot. Ahora sabemos que es un robot mal programado.





