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Jueves, 1 de octubre de 2026

URIBE POETA

URIBE POETA

URIBE POETA

Por Jaime Cárdenas / Contestaba el presidente, tal como se refiere a Uribe su abogado, el socarrón y zalamero Granados, que no podía responder determinada pregunta del contrainterrogatorio porque su memoria ya no era la misma. Reforzaba su afirmación diciendo que, por ejemplo, ya no puede declamar los poemas que en otro tiempo sabía de memoria.

Si se repara en las intervenciones de Uribe se podrá constatar que su universo lingüístico, que su diccionario mental se reduce máximo a unas trescientas palabras con las que construye frases muy pobres en cuanto a la semántica se refiere. Ergo, los límites de su pensamiento son reducidos, si nos atenemos a la inferencia de Wittgenstein maestro de la lógica del lenguaje.

Uribe y los paisas de su estirpe y de su generación tuvieron como referente de la poesía a Jorge Robledo Ortiz:

“Siquiera se murieron los abuelos
Sin ver cómo se mellan los perfiles.
Hubo una Antioquia sin genuflexiones,
Sin fondos ni declives.
Una raza con alma de bandera,
Y grito de clarines.
Un pueblo que miraba a las estrellas
Buscando sus raíces…”

Una Antioquia grande en la que el poder del cura, del obispo era muy grande, tanto como el del demonio que a las seis de la tarde ya empezaba a deambular por pueblos, aldeas y por Medellín, por eso había que encerrarse a rezar el rosario. Y no se puede olvidar el poder del gamonal y dueño de cafetales y vaquitas, como dice el presidente, todos creyentes de la virgen, del partido conservador y de la rula, abuela legítima de la motosierra.

Pero he aquí que surgió un verdadero poeta, culto, irreverente, que hizo burla de Santander, de esa Colombia de falsos próceres e hipócritas caudillos, de los purpurados, que se conmovió con la belleza carnal de las muchachas de los pueblos que recorrió a pie y que llegó hasta el sacrilegio de hablar de los pantaloncitos de Julia, y su penetrante aroma, que dijo frases como estas:

“Aquí está el antioqueño, dominado por el cura y la ignorancia”.

¡Quién dijo miedo! El arzobispo Manuel José Caicedo de Medellín lo excomulgó y prohibió leer Viaje a Pie, el libro del brujo de Otraparte por considerarlo injurioso, lascivo, y otros adjetivos similares, y no demoró en repicar de igual forma Tiberio, el arzobispo de Manizales.

Algunos años después baja de la montaña antioqueña Porfirio Barba Jacob. Sus poemas no cabían en Medellín, se va y no vuelve nunca. Y en 1963 aparece la voz que aún resuena con su lenguaje renovado y poético, rebelde y místico, la de Gonzalo Arango, quien escribe un poema en prosa, Medellín a solas contigo, en el que reclama a la ciudad por su indiferencia, por negarse a tener un poeta, siendo solo utilitarismo y fábricas y rezos de rosario. Gonzalo Arango hace el prólogo de una nueva edición de Viaje a Píe y junto con su tropa de nadaístas le da el lugar que corresponde a Fernando González por su valentía, por su alta palabra. Entretanto desde el estudio de su casa en Medellín, luego de abandonar el bachillerato, Estanislao Zuleta empieza su indagación en los dominios de la filosofía, de la literatura y el sicoanálisis que lo llevan a ser el intelectual más importante de Colombia en la segunda mitad del siglo pasado. Medellín es una ciudad en la que todos comen parecido y hablan parecido, dirá en una de sus conversaciones en Cali donde reside hasta su muerte, reiterando siempre no haber entendido la esencia del Espíritu Santo.

Unos años después Fernando Vallejo, abandona Medellín y se va al autoexilio, y desde Méjico escribe una de las obras más crudas sobre la violencia de su ciudad en la que los industriales de Coltejer son sucedidos por los industriales de la cocaína y donde los sicarios, los hijos huérfanos de los pobres que se mataron por ser liberales o conservadores, ahora mataban por placer y por plata, no sin antes subir a sus motos e ir a rezar a la virgen, a la virgen de los sicarios.

Pero Medellín estaba condenada a la poesía y fue así que surgió la revista Acuarimantima, bella palabra que inventara Barba Jacob, se creó el festival de poesía, aparecen Mario Rivero, José Manuel Arango, Raúl Henao, y tantos otros poetas que nada tienen que ver con esa Antioquia de los abuelos que por fortuna se murieron.

Agradezcamos que Uribe dejó atrás a la poesía o a la poesía que nada quiso tener que ver con Uribe. Podemos imaginar que hubiera sido del poetariado paisa si el presidente eterno se hubiera dedicado a cultivar sus versos con la misma pasión que le ha dedicado a los caballos y a otras actividades non sanctas.

Espejito, espejito, dime, ¿quién es el mejor poeta de Antioquia?

Podrías ser tu Varito, pero hay uno mejor.

-Confiesa ya. ¿Quién es? (O te envío al apóstol).

Naturalmente el espejo se asusta, casi que queda transparente. Por fin contesta.

-Juan Manuel Roca.

-Doctor Cadena, ¿usted qué sabe de ese Juan Manuel Roca?

Presidente, fue nadaísta, ahora vive en Bogotá, en la Candelaria y almuerza en la Macarena. Sin escolta.

Proceda doctor Cadena. Usted sabe hacer las cosas bien. Proceda.


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