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lunes 10 febrero, 2014 a las 8:55 pm

Unicauca en alerta

Rentas del Cauca no tiene nada que ver con Unicauca
Fabio Arevalo
Fabio Arévalo Rosero MD

La Universidad del Cauca internamente tiene debilidades que poco se perciben. Si bien obtuvo una certificación de calidad, estos reconocimientos no son la expresión de su verdadera salud. No es raro encontrar empresas restaurantes, negocios, aguardientes (como el caucano) que ganan frondosos premios. Pero en realidad los hay mejores. Se dice que para muchos reconocimientos prima más el lobby que los méritos y cierta inversión en ese trámite. De allí que no son muy confiables.

En Colombia hay por ejemplo empresas que producen mejores licores y en el mundo mucho más, pero el folclorismo local facilita los sofismas. Ni qué decir del desarrollo de la factoría local que debería producir sobradas utilidades. Entonces, ¿hasta dónde tenemos calidad? El autoengaño es pan de cada día en este medio que cultiva la mediocridad para mantener en el poder a los mismos de siempre.

La Universidad del Cauca es la institución orgullo de la región, la más querida. Por ello hay que cuidarla y mejorarla. Hay que reconocer que el actual rector Juan Diego Castrillón está haciendo esfuerzo importante por corregir tantas falencias acumuladas de administraciones anteriores. Juan Diego en poco tiempo ha logrado reposicionar a la institución sin duda, es notorio el cambio y el sello impuesto. Pero aún hay mucho trabajo por hacer.

En la Facultad de Educación por ejemplo, las condiciones para el ejercicio docente no son las mejores. Salones desorganizados, el docente (con los riesgos que ello implica) debe llevar su propio computador e instrumentos para hacer una clase interactiva. Como no hay mesa regularmente dónde ubicarlos, hay que hacer un engorroso trámite para pedirla y cargarla personalmente. La misma gestión para tener (con suerte) un regular “Video Beam” prestado. Coordinadores que se creen supervisores, no colaboradores (hay un terrible ejemplo en Educación Física). El ambiente no es amable, más bien pesado y desmotivante. Esto no puede ser posible en semejante institución que habla de calidad. A un docente hora cátedra le puede salir más caro lo que invierte en una clase, que lo que le pagan. Es decir trabaja para que lo vean.

Podríamos enumerar más cosas que requieren pronta transformación. Docentes que ameritan de urgencia un programa de perfeccionamiento profesional integral para que se conviertan en inspiradores y modelos a seguir por sus estudiantes. Es indispensable la coherencia en todos los campos, de lo contrario la autoridad y la credibilidad se pierden. Esto y muchos aspectos más obligan a una transformación universitaria, que sería posible con esta administración progresista. El primer gran paso la elección democrática del representante de los egresados al Consejo Superior. El suscrito es uno de los aspirantes, con capacidad efectiva para incidir en muchos de los cambios necesarios. El apoyo de los egresados es definitivo.

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