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Jueves, 1 de octubre de 2026
domingo 7 junio, 2009 a las 7:10 pm

Una Niña Caloteña Ejemplar

EXCLUSIVO PARA PROCLAMA

Publicamos uno de los testimonios más conmovedores recopilados en el libro que saldrá próximamente editado y escrito por Luís Alberto Barrera M, acerca del Dogma de Fe de la Iglesia Católica sobre el purgatorio titulado “Pasando por el Fuego”.

Una Niña Caloteña Ejemplar

A los 2 añitos enfermó de leucemia. En el momento de enterarse, los padres se abrazaron y dijeron la cita de Job: «Dios nos la dio, Dios nos la quitó; bendito sea Dios». Hicieron todo por la nena. Le regalaron para que la acompañara una estampita de la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Nadie en su familia conocía la historia de la monja francesa Santa Catalina de Labouré.

Ella contaba su vida, certera, y con anécdotas de la Santísima Virgen que nadie conocía y que después verificaron como reales. Cuando iba a que la atendieran, en el Hospital Niña María de Caloto, le decía a su médico, que al parecer era medio ateo, que si no le daba un beso a su Madre María no se dejaba atender. Dos años más tarde, lo que este mismo médico atribuyó como a un milagro, sanó. Le dijeron que si pasaba los 6 años y no tenía recaída, estaba completamente curada.

Estuvo dos años sanita compartiendo alegremente en la vereda El Guásimo. Ella curiosamente, a pesar de su corta edad, vivía una vida de intimidad con Dios y con “su” madre María. Pequeñita le decía a su mamá que le había impresionado la vida del Padre. Pío, cuyo relato de su vida vio un día por televisión y que a ella también no solo le dolían las manitos, por los estigmas que él tenía, sino igualmente los pies. Investigando, posteriormente se enteraron de que el padre italiano, tenía también estigmas en los pies, y que él, por los pecadores, andaba descalzo, por eso decía esto Mayra Alejandra.

A los 8 años volvió a recaer. Recibió su Primera Comunión y Confirmación. Todos los domingos su abuela materna Martina Moreno le llevaba la comunión, que ella esperaba ansiosa, y que siempre consintió el Padre Holguín. Estuvo nuevamente en tratamiento, al que parecía que reaccionaba bien. Hace ya un mes que el matrimonio junto con Mayra Alejandra viajó a Popayán para hacerle una aplicación de radioterapia en el Hospital Universitario San José y fue allí donde el médico les dijo que no había más remedio y les propuso un tratamiento doloroso con corticoides para hacerla vivir tres meses en el centro hospitalario o llevársela a la casa sin muchas esperanzas.

La madre de la niña contaba que con su esposo, Ruperto Balanta, se abrazaron, él se largó a llorar y ella le pidió que le repitiera las palabras que él le había dicho en ese lugar cuando se enteraron que Mayra Alejandra tenía leucemia: «Dios nos la dio, Dios nos la quitó; bendito sea Dios».

Decidieron no ponerle límites a Dios y traérsela a la casa de El Guásimo para que muriera feliz, y trasladarla nuevamente a la Confederada Ciudad de Caloto, en el norte del Cauca. Cuando la tuvieron allí hacían todo lo que a ella le gustaba y como veían que las dosis de morfina eran muy fuertes y la hacían dormir mucho tiempo, decidieron, de común acuerdo, sin autorización del médico, quitársela poco a poco. Eso significaba más dolor físico para Mayra Alejandra, del que jamás se quejó, ni aún cuando agonizaba y tenía el rostro desfigurado del dolor y le caían lágrimas del mismo.

Claudia Catacolí, su madre, nos dijo: «yo quiero que ella disfrute de sus hermanitos, además… (hizo un silencio) yo no sé si mi hija en su relación con Dios quiere ofrecerle esos dolores para los bienes que sólo Él tiene pensados y yo con el calmante la privo de esa hermosa posibilidad».

Demás está decir que Mayra Alejandra no era una niña cualquiera, era un ser extraordinario. Veía un cuadro de Virgen María y charlaba con ella, conocía al Padre Pío de Pieltrechina y nadie le hablaba de él. Realmente, al igual que estos Santos, siguió completando calladita internamente en su cuerpo la Pasión de Cristo.

Hace dos semanas fuimos a visitarlos. Mayra Alejandra, estaba bastante decaída a causa del grave estado de salud y de las aplicaciones de morfina que últimamente estaba recibiendo. Claudia, su acuciosa madre, ya tenía el corazón preparado por Dios para entregarle a su hija, “así como Dios me preparó el corazón cuando estaba de novia para darle todos los hijos que Él quisiera sin ponerle impedimentos, ahora me lo está preparando para devolvérselos» nos dijo, firmemente convencida de lo que decía. En otro momento, nos contó que apenas supo que el Papa Juan Pablo II había muerto se puso a rezarle para que le sanara a su hija; pero al poco tiempo, reaccionó y le dijo que ella no debía pedirle eso, sino que se hiciera la Voluntad de Dios.

El miércoles 27 de abril, a las diez de la mañana, nos enteramos de que a las 6:45 a.m. había fallecido Mayra Alejandra Balanta Catacolí (9 años), hija de la tan querida profesora de una institución educativa rural de Caloto. Aquel esperado día la educadora con las alumnas y profesores colegas se pusieron en ronda en la escuela y rezaron un Rosario por el alma de Mayra Alejandra y por la fortaleza de sus padres, hermanos y de toda su familia.

En el velorio, Claudia, su atribulada Madre nos contaba: «Esta madrugada cuando mi intuición de madre me decía que la historia llegaba a su fin, me arrodillé al lado de su camita y con la voz entrecortada me puse a cantarle las dos canciones que a ella más le gustaban; Cómo puedes tu orar y Pescador de hombres.»

Es un testimonio de vida que quería compartir con todos ustedes, para que también se los cuenten a sus hijos, y para que sepan educarlos en el sacrificio para llegar un día a tener niños santos, que es por lo que Dios les da a cada madre sus hijos en la tierra, para un día lleguen a gozar de las alegrías de la vida eterna.

Pido también oraciones por la fortaleza de su familia.

Unidos en la oración y en cada Santa Misa.

Hermana de la Caridad Sor Martha Isabel Villalba Montoya.

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