Una guerra con distinto nombre


Foto: El Colombiano
Una guerra con distinto nombre

Los enfrentamientos continúan en un departamento que ha sido descuidado y vulnerado por muchos gobiernos colombianos, donde el territorio caucano es un claro ejemplo de la guerra que se vive entre grupos armados ilegales (GAI) que luchan por el control territorial. A su vez, el Ejército Nacional intenta desalojarlos y recuperar posiciones ocupadas por la subversión, que actúan como bases de operaciones. Estos enfrentamientos no son diferentes a la Guerra de los Mil Días, un conflicto civil armado que tuvo lugar entre 1899 y 1902, resultado de inconformidades políticas ante los resultados de la Regeneración de 1886, con los sectores liberales y conservadores como protagonistas.
Es crucial recordar que “América se embarcó en una política de exquisita locura: financiar a ambas partes de la guerra civil colombiana”, escribió Mark Danner en el New York Review of Books. Danner es uno más de los comentaristas que acepta el concepto de “guerra civil” sin reservas. The New York Times habla de la “larga y asesina guerra civil en Colombia”, mientras que el influyente columnista George Will advierte en The Washington Post sobre los riesgos de la participación de Estados Unidos en “la guerra civil colombiana”. Jorge Castañeda, exministro de Relaciones Exteriores de México, también clasifica el conflicto colombiano como guerra civil en sus columnas. Hasta The Economist, habitualmente cauteloso, ha hecho referencia a la “guerra civil”.
La compleja situación en el territorio caucano se asemeja a una verdadera “guerra de los mil días”, que este 17 de octubre cumpliría 125 años. Los continuos choques armados generan masacres y el asesinato de líderes sociales. Este conflicto bélico se extiende por varios departamentos de Colombia, dejando un saldo de hogares en luto, mujeres viudas e hijos huérfanos. Además, propicia el desplazamiento forzado, resultando en centros poblados destruidos y pobladores en crisis. Para algunos líderes políticos, la noción de “guerra civil” describe una confrontación doméstica y fratricida entre bandos opuestos de una sociedad polarizada.
Las referencias a la “guerra civil” frecuentemente vienen acompañadas de calificaciones adicionales, buscando precisar su duración, dado que han pasado más de 50 años desde que los primarios “bandoleros” aparecieron en Marquetalia. Sin embargo, los intentos de precisar presentan un panorama confuso que pone en entredicho la misma noción de “guerra civil”. Según George Will, esta guerra en Colombia es un sancocho, un cocinado a fuego lento de conflicto de clases, guerra ideológica y tensiones étnicas. La discusión no radica solo en si se trata de un conflicto armado, sino en su duración, con una constante demanda de inversión social por parte del Estado y la esperanza de un restablecimiento de la democracia formal.
La guerra continúa, y la Defensoría del Pueblo ha hecho pronunciamientos tras las masacres, como la ocurrida a inicios de esta semana en Toribio. Se advierte sobre los riesgos mencionados en la Alerta Temprana 019 de 2024 y se reitera el llamado a las autoridades para esclarecer estos hechos violentos. El defensor regional, Daniel Molano Piamba, declaró: “Tras la última masacre en el municipio de Toribio, reiteramos la importancia de acatar las recomendaciones de nuestras alertas tempranas, dado que este hecho es la materialización de lo ya alertado para los municipios de Miranda, Corinto, Toribio, Caloto y Jámbalo”. Todo esto y más se desarrolla en la “guerra civil o conflicto” que vive el territorio caucano, sumido en la violencia.
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