UNA CONTRIBUCIÓN DEL VOTO MERCENARIO


Los tiempos del apocalipsis los decide Dios. Y los del fin del fin de la Revolución Bolivariana, el capitalismo salvaje neoliberal, capitaneado por el imperio yanqui. Lo primero es la interpretación de los que se la pasan tratando de descifrar las hermenéuticas metafóricas de San Juan, y su “traba” en la isla de Patmos. Y lo segundo la caída chavista, según la mediática que debe terminar lo más pronto posible con las políticas sociales, implementadas durante estos últimos dieciséis años por parte del gobierno socialista, que intenta sacar a su pueblo de la miseria hacia la pobreza, para luego con la fuerza popular llegar a la riqueza social, la cual se merece en el futuro el pueblo de Bolívar.
“Que se vayan al carajo”, dice la ultraderecha a las pensiones a los ancianos y las otras reducirlas al mínimo. Dejar de dar viviendas gratis y acondicionadas a la gente. Cobrar la educación sin hacerle mejoras, eliminando la enseñanza de la filosofía, artes, historia venezolana, Latinoaméricana y mundial, para hacer desaparecer la imagen de Bolívar y su grandeza libertaria del imaginario nacional como ocurre en Colombia desde hace años. Ir convirtiendo a la República bolivariana, otra vez en Capitanía, o una prolongación geográfica de Norte de Santander. A Todo ese territorio tan privilegiado por la naturaleza, con ingentes recursos naturales, que no sería tan fácil puesto que el pensamiento de Simón está bien arraigado en el alma de su Fuerza Armada, heredero espiritual de la libertad suramericana, al igual que lo está en Cuba Socialista presente el espíritu de José Martí.
Pero Venezuela con toda su fortuna es una nación “de malas” y en peligro, por estar situada al lado de la colonia imperial tomada íntegramente por capital financiero herederos de los hacendados, que durante la guerra independentista, prefirieron la “Patria boba” que no era más que la contienda fratricida por tierras, que seguir a Bolívar, quien la denunció, en el momento de la invasión reconquistadora de Fernando VII, a órdenes de Pablo Morillo, prefiriendo irse a Jamaica, donde escribió su visionaria Carta (1815). Luego vendrá con el apoyo haitiano a los Llanos Orientales venezolanos, y luego al cruce de los Andes, que con su ejército dará la libertad a la Nueva Granada, hoy Colombia.
Un país antipatriota, que desde las Malvinas argentinas, robadas por el imperio inglés, será conocido como el “Caín de América”. Una región, que después de una guerra minimizada con el apodo de “conflicto”, con 50 años de muertos, y todo tipo de miserias, fracasó sin ser derrotada por inviable. País-paisaje, donde todo se hace a partir de la fina e inteligente mitomanía corruptela de sus gobernantes desde los años del ruido, avalados siempre criminalmente desde el imperio. Un país donde sus habitantes no se resignan a morir de “plomo-nía” y miseria en sus propias regiones y pueblos, fugándose, antes y después para la nación de al lado que siempre los acogió.
El presidente Hugo Chávez, a cientos de miles de inmigrantes y refugiados colombianos, les proporcionó cédula de ciudadanía, y ya con una patria, obtener vivienda gratis, pensión, salud, educación, reconocimiento humano, y trabajo. ¿Ah!, y lo más preciado su vida, porque desde el país de donde llegaban y siguen llegando, antes como producto de la violencia conservadora laureanista, ospinista, turbayistas y la de ahora paramilitar, no la hubieran conservado.
Hoy se empiezan a recoger los frutos de tanta bondad chavista- bolivariana, con el “éxito” asambleísta de la ultraderecha fascista, que con seguridad ganó su buen caudal de votos de cientos de aquellos los favorecidos por la Revolución, que con su “voto castigo” y mal agradecido, no perdonaron el cierre de la peligrosa frontera colombo-venezolana de hace unos días, ordenado por el presidente Maduro.
Divisoria enorme por donde se fugan toneladas de alimentos y gasolina, hacía su país de origen, productos vendidos por los comerciantes tránsfugas en ciudades y poblaciones fronterizas, en moneda nacional. Atentando contra la seguridad alimentaria del país y gobierno acogedor.
También un antro de mafias narcotraficantes y gasolineras, y por consiguiente una larga caverna refugio y trinchera paramilitar: de antes, de ahora y siempre, las mismas bandas, que los sacó de prisa de sus ricas tierras colombianas.




