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Viernes, 9 de octubre de 2026

Un sueño de madera, hoy es realidad

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Ser ebanista o carpintero, además de considerarse un oficio inmemorial, constituye una labor de la cual la mayoría de personas dependemos; las manos del carpintero son la principal herramienta de trabajo, apoyadas con el serrucho, el martillo, las puntillas, la escuadra, lápices rojos, lijas y el aserrín; al carpintero se le reconoce como un verdadero mago del arte de la transformación, pues visualiza en un tronco un hermoso mueble o decoración.

Desde los tiempos del inicio de las civilizaciones se ha trabajado la madera para fabricar armas de caza y posteriormente para viviendas e iglesias, es así que la carpintería se ha catalogado como es uno de los oficios más antiguos de la humanidad, incluso bíblicamente se conoce que el padre de Jesús, José, hace más de dos mil años efectuaba esa actividad; este es un oficio que solía transmitirse de padres a hijos y que se ha ido perdiendo; por ello, quisimos traer en nuestra sección gente de Proclama del Cauca, la historia de los Arcos, una tradicional familia de Santander de Quilichao que por más de cinco décadas ha fabricado incalculables muebles a los que habitamos este municipio.

Don Jesús Arcos llegó a mediados del siglo pasado a la región desplazado por la violencia en el Departamento de Nariño que durante muchos años invadió los pueblos y quebró el tejido social de la comunidad. Así fue como llego al Cauca, a Santander de Quilichao dedicándose plenamente a la carpintería y enseñándoles a sus hijos todo lo que sabía, y así fue de generación en generación. El negocio se llamaba “Manijas y Madera” y aunque siempre fue conocido como “Los Arcos”, con el paso de los años la empresa tomó el nombre de “MobiliArcos”.

Sobre la madera estos artistas fueron capaces de esculpir infinidad de dibujos y elaborar objetos útiles a nuestros hogares, como muebles para el hogar, marcos para puertas, escritorios, molduras, juguetes, bibliotecas, entre otros.

En la actualidad, Frederic Arcos Peña, hijo de Héctor Arcos y nieto de don Jesús Arcos, es un joven emprendedor que ha tomado las riendas del negocio familiar continuando con el legado de su abuelo, Frederic empezó a implementar diseños de innovación jugando con los colores y tendencias. Con perseverancia y esfuerzo el negocio empezó a dar los resultados que buscaba: “El mundo está hecho para que nosotros hagamos el cambio y ese cambio es ahora” expresó.

Quilichao, región estigmatizada por ser dizque “zona roja” tiene otros colores en su paleta, pues podemos ver entre sus calles que hay personas que están haciendo empresa desde el emprendimiento, “Santander es una tierra próspera, llena de mucho talento y si creemos en la región podremos trabajar en pro de una mejor sociedad» comentó Arcos hijo mientras sonreía de oreja a oreja.

Para el año 2011 la carpintería de los Arcos ya contaba con una sala de exhibición, línea de producción y diseños exclusivos. La sala de exhibición fue el paso al siguiente nivel, los clientes podían estar en un espacio donde tocaran los muebles y detallaran los diseños. También tienen una planta de producción con personal capacitado en la materia, “maestros en el arte de la madera” dice Frederic para referirse a sus colegas.

El área de producción tiene una habitación de cepillado, corte, pulido, cabina de pintura, y un área de extracción de partículas que disminuyen los residuos de la madera. El negocio familiar que empezó a raíz de un sueño, hoy distribuye sus productos a Popayán, Cali y Armenia. “Las metas ya las estamos cumpliendo, estamos distribuyendo en lugares donde no pensamos llegar, el mercado va creciendo y nosotros no nos quedaremos atrás”, indicó con mucha alegría.

Pero, toda buena empresa no prospera sola, una de las estrategias que han implementado en la inmobiliaria es crear redes de trabajo, armando consorcios empresariales con otros negocios, para intercambiar productos, servicios y distribuir en zonas en las que normalmente no distribuyen. Por lo general si un cliente los llama ellos van al sitio exacto, toman las medidas organizan el prototipo, se hace la negociación y se empieza con la producción. Trabajan con maderas exóticas, maderas industrialmente comercializadas como el pino y laminares melamínicos

Mobiliarcos, un sueño de madera. Es increíble la cantidad de cosas que la gente puede olvidar pero las manos no. “Pónganme una madera en las manos y verán lo que puedo hacer”, expresó uno de los colegas de la empresa. Emprender es de valientes y no lo decimos nosotros, lo dice esta familia que a raíz de un desplazamiento por confrontamiento armado, llegaron a una tierra desconocida y con sus manos construyeron su propio mundo, de maderas y colores.

Y usted: ¿Qué excusa tiene para no cumplir sus sueños?

Por Sophia Hernández y David Luna

Imágenes: Óscar Moreno

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