Un presidente desobediente


Un presidente desobediente

Crepitaciones 2021
A lo largo de 62 años, desde 1959 año de creación de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), entidad internacional que hoy en día se convirtió en el “coco” de Colombia y su actual llamado presidente y su conserje “el intocable”, nuestro país le había sido fiel en todos los sentidos y había cumplido al pie de la letra sus mandatos, los lineamientos y directrices propios de dicha comisión, junto a otros países de la región, con algunas pocas excepciones, mostrándose como un paradigma digno de imitar, brillando con luz propia en ese aspecto tan fundamental de la vida civilizada americana. Incluso, hacía 73 años, desde 1948, cuando se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, también la firmó a ojos cerrados y apoyó en forma incondicional los 30 artículos de tan vital y necesario ideario para la humanidad.
Ahora, hace días, el pasado 4 de julio del presente año, se cumplieron los 30 años de nuestra Constitución Nacional, proclamada en 1991, podemos afirmar que ella contiene como un compendio los aspectos fundamentales esbozados en ambas declaraciones, uno de los cuales, la paz colombiana, quedó cimentada fielmente, hace 5 años en el histórico Acuerdo de la Habana, modelo para muchos países y que, en Colombia, está medio complementada. Hasta este momento, todo iba viento en popa y nuestro optimismo creció en grado sumo.
Pero llegó el nefasto Año 2018 (siempre hay uno en la vida, no todo es color de rosa), el año del no, con Iván Duque y Álvaro Uribe a la cabeza y empezó la debacle en Colombia y como dijo alguien: “comenzaron los años tormentosos” en la vida de nuestro país, con rayos y centellas por doquier, y todo ese panorama prometedor esbozado antes se derrumbó como dice la canción, por arte de las zancadillas y las asechanzas del partido de gobierno y sus áulicos. De esta manera, por ejemplo, al Acuerdo de Paz la única salvación para nuestro país, tuvo un retroceso y le comenzaron a aparecer talanqueras y palos en la rueda y su implementación comenzó a desgastarse poco a poco, en cámara lenta.
A partir de esta situación lamentable, el tema de los Derechos Humanos, comenzó a decrecer y su violación era constante en varios momentos de la vida nacional, como por ejemplo en el paro de finales del 19, cuando fue asesinado por el fatídico ESMAD el estudiante de 18 años, Dilan Cruz, el 25 de noviembre de 2019, como una advertencia terrible de la borrasca que se avecinaba. En efecto, el siguiente paro histórico del 28 de abril / 21, se cumplieron los vaticinios de la estocada a los Derechos Humanos, cuando las fuerzas policiales arremetieron de frente a los manifestantes, más que todo jóvenes en su mayoría y sin tener nada de compasión, asesinaron a varios de ellos, otros fueron desaparecidos, muchos heridos y algunas mujeres violadas, en fin, el caos total, un auténtico estallido social. En conclusión, la CIDH se hizo presente el 7 de junio /21, el 7 de julio presentó su informe en 187 párrafos con 41 recomendaciones para cambiar de rumbo y como siempre, el llamado presidente aumentó otro defecto más ante ellas: no las tuvo en cuenta y se volvió desobediente, siendo ya ciego, terco y arrogante.
Ante semejante desplante internacional, solamente nos queda esperar a que pasen rápido los pocos meses del actual desgobierno y armarnos de paciencia infinita: “Paciencia es el arte de dominar nuestra impaciencia».
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