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Sábado, 17 de octubre de 2026

Un gran poema para un grande y valeroso arquero

La «Oda a Platko» (1928) de Rafael Alberti es considerada uno de los primeros y más grandes poemas dedicados al...

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Un gran poema para un grande y valeroso arquero

LEON GIL

La «Oda a Platko» (1928) de Rafael Alberti es considerada uno de los primeros y más grandes poemas dedicados al fútbol.

Esta es la historia del hecho que deslumbró e inspiró al poeta andaluz, Rafael Alberti (1902–1999):

El 20 de mayo de 1928, en el estadio de El Sardinero (Santander), se enfrentaron el Barcelona y la Real Sociedad para disputar la final del Campeonato de España. Entre los 45.000 espectadores se encontraba Rafael Alberti.

No existía ni la prórroga ni los penaltis. El épico y dramático partido se jugó bajo la lluvia y el barro de los Campos de Sport del Sardinero, y dejó como protagonista al guardameta del F.C. Barcelona Franz Platko (Ferenc Plattkó Kopiletz), nacido en Budapest en 1898 y fallecido en Santiago de Chile en 1983. Lo apodaban el «Oso Húngaro».

La Real dominaba el encuentro, y en una brillante jugada su delantero centro, ‘Cholin’ (Donostiarra), quedó mano a mano con el portero. Cuando el delantero armaba su pierna para anotar el gol, Platko se arrojó a sus pies, evitando la anotación, pero recibiendo una brutal patada en la cabeza, teniendo que abandonar el campo, conmocionado y ensangrentado, para recibir seis puntos en la cabeza.

Todo parecía indicar que no continuaría jugando. No existían los cambios entonces, y dejó a su equipo con diez jugadores. Al comenzar la segunda parte, el portero no apareció por el túnel del vestuario, y para colmo se lesionó el legendario delantero José Samitier. El equipo blugrana se quedaba con nueve jugadores.

Tras recibir la antitetánica y un aparatoso vendaje (que terminaría perdiendo durante el resto del partido), Platko volvió al terreno de juego ante una atronadora ovación de todas las gradas. Posteriormente también se reincorporaría Samitier. El partido terminó finalmente 1-1.

La heroica actuación de Platko, el «Oso Húngaro», impresionó tanto al poeta andaluz, que en menos de siete días escribió su gloriosa Oda a Platko, en su retiro de La Casona de Tudanca (Cantabria).

El poema apareció en la primera página del periódico La Voz de Cantabria, del día 27 de mayo de 1928:

Oda a Platko

Un gran poema para un grande y valeroso arquero

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.

¡Tú, llave, Platko, tú llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.

No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heroico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.

Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.

No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría!
¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Colofón: El partido de desempate se disputó el 29 de junio en los Campos de Sport del Sardinero, en Santander; y el F. C. Barcelona ganó el Campeonato de España (Copa del Rey), al derrotar a la Real Sociedad por 3-1.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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