
El Festival internacional “Oiga, mire, lea” cumple once años. En esta ocasión, invitados de lujo desde otras latitudes.
Más de un cocacolo de la vieja data, de los nuestros, disfrutó del conversatorio y del concierto de Aterciopelados en el marco del “Festival Internacional de Literatura Oiga, Mire, Lea” que se realiza en la Biblioteca Jorge Garcés Borrero de Cali. Las filas eran muy grandes y la emoción, entre los medio catanos, se reflejaba en sus comentarios: “Hace tiempo no los veo en una presentación.”
Aprovecharon la ocasión para “despelucarse”, menos yo—por supuesto—que ya ni pelo tengo. Pero sin duda nos hizo recordar que en medio de la violencia que vive el país, vale la pena sacar un tiempo para leer y escuchar buena música.

VIAJAR A TRAVÉS DE LAS PALABRAS
Pilar Quintana, la escritora caleña, con sus expresiones populares, de la gente del común, de esa que vende chontaduro en la Plaza de Cayzedo o que viaja en el MIO, llevó al auditorio a viajar en el tiempo, a ese rincón del Pacífico colombiano que sirvió de escenario para su más reciente novela “Noche negra”. Además, recibió una condecoración más que merecida de la administración departamental, en reconocimiento a su trayectoria.
¿Y qué decir de Héctor Abad Faciolince? La sacó del estadio. Una charla que más parecía una confesión íntima, alrededor de su novela: “A la hora y en la hora”. Recordó vívidamente el momento cuando, estando en una pizzería en la ciudad ucraniana de Kramatorsk, estalló una bomba. El impacto causó la muerte de varias personas, entre ellas, de una escritora amiga.
De una manera pausada, utilizando imágenes literarias maravillosas, llevó a los presentes a ese momento terrible en que un explosivo truncó sueños y esperanzas de muchas personas, en una guerra de la que todavía no se repone el mundo y que nos hace recordar las dolorosas imágenes de lo que ocurre en Colombia, como consecuencia del terrorismo.

LA PLATA DE LA CULTURA
El “Festival Internacional de Literatura Oiga, Mire, Lea” que tiene ya once años a cuestas, cuenta entre sus invitados con los escritores y periodistas Dolores Reyes (Argentina), Lydia Cacho (México), Brenda Navarro (México), Katya Adaui (Perú), María Fernanda Ampuero (Ecuador), Rai Soares (Brasil), Florence Thomas (Francia), Javier Peña (España), entre otros.
Y para no extenderme, debo reconocer que me sorprendió, al arribar a la Biblioteca, una serie de imágenes de gran calado en las que se ofrecía una rendición de cuentas de la cultura en el Valle del Cauca. Importante que la gente sepa en qué se invierten los recursos, y más en un renglón de tanta trascendencia como lo es el cultural.
Lo digo desde mi perspectiva, desde la mirada de alguien que no es gobiernista, pero que debe admitir que la estrategia es novedosa.
Estaba tan ensimismado leyendo la información, que no puedo ocultar mi sorpresa cuando me regalaron una cajita de colores y un sacapunta. Ingenioso. “Es para que entre todos pintemos el Valle del Cauca que soñamos”, me dijo alguien sonriente. Bonito detalle.

Y como un periodista crítico del sistema, reconozco que me sorprendió ver a la Secretaria General de la Gobernación, Liza Natalia Rodríguez, mostrando a los asistentes al Festival, las realizaciones del nodo de cultura. Con la camiseta puesta. Creo que así deben ser los líderes, al lado de su gente, de sus equipos de trabajo. No decir “Hagan”, sino expresarlo en plural: “Hagamos”
En horabuena el festival con toda su programación y que, a los vallecaucanos, nos digan en qué se invierte la platica.