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lunes 6 abril, 2015 a las 2:07 pm

UN EXTRAÑO AMANECER

Posconflicto

“Cuando la paz recobre su paloma y los vecinos
acudan a mirarla, sólo en aquella hora, podrá
el hombre decir que tiene patria”

Castro Saavedra.

Roger Ortiz Ruiz
Roger Ortiz Ruiz Popayán, Marzo 21/2015. 

¿Qué tan cerca o lejos estaremos de conquistar la paloma de la paz? Es una esperanza incierta y poco creíble, para un ambiente saturado de violencia durante tantos años. Para quienes nacimos, crecimos y envejecimos sacándole el cuerpo a los violentos: la paz sería un extraño amanecer. Tanto, como si al despertar de un largo viaje volviéramos a recuperar nuestra memoria para entender por qué, durante tanto tiempo, permanecimos ciegos y sordos ante la guerra, que ha sido un receptor de enfermizas o motivantes pasiones para acceder al poder o sostenerse en él, cuando se tiene al Estado como actor de la confrontación, consolidando políticas que al aplicarlas generan condiciones de pobreza, inseguridad y violencia.

Y cómo desenraizarla si en el poder local, regional y nacional están los representantes de prácticas corruptas que deslegitiman la ley, incumplen acuerdos firmados que luego producen marchas, protestas, paros y bloqueos. ¡Qué hacer para salir de allí! Si el gobierno carece de voluntad y de los instrumentos adecuados para direccionar políticas de cambio, que dejen a los actores de la guerra, sin discurso y sin votos.

En estas condiciones, la paz no solo sería el resultado de firmarla entre enemigos, sino de validarla con acciones democráticas que sean más fuertes que las palabras, para que los sueños de vivir en paz sean más grandes que nuestros miedos, y así las causas que originan la guerra, no tengan soportes ni en las instituciones ni en el bolsillo de unos pocos.

Como la literatura es un instrumento de la política, es menester usarla con el sudor del compromiso social y la sabiduría ciudadana, para que los documentos de la mesa (que otros quisieron patear) produzcan efectos en el rostro de la paz y en el bienestar de la gente. Alguien decía que “no hay ejército más poderoso que una idea cuando le llega la hora”. Y esa es la realidad. Cuando las partes en conflicto se reventaron, se vieron en la necesidad de encontrarse, darse la mano y entender que las IDEAS, por medio de la palabra y el respeto, son más fructíferas que la guerra, que sólo produce ruinas y miserias.

Y son tantas… las imágenes del exterminio, que perdurarán para siempre en el subconsciente de los colombianos que jamás podremos liberarnos mentalmente de la brutal violencia, orquestada por un Estado con cabeza gacha. Por esa razón, las demandas contra la Nación (según editorial de El Tiempo) son del orden de 1.036 billones de pesos, que saldrán del bolsillo del pueblo, que vota sumiso y paga impuestos.

En este panorama ¿quién tomará la antorcha que nos guíe en el largo y escabroso camino del posconflicto? Estas reflexiones me salen del alma porque soy un enamorado de la PAZ.

Quiero ver a su símbolo anidando entre vecinos que acuden a mirarla para cuidarla y protegerla de cazadores, que nos arrebaten el sano derecho democrático de vivir en paz, en una Patria Grande para todos.

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