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Viernes, 2 de octubre de 2026
viernes 14 octubre, 2016 a las 8:38 pm

El tren del Cauca.

tren
Diogenes Diaz Carabali
Diógenes Díaz Carabalí

En 1926, por estos días, llegó el tren a Popayán. Su establecimiento fue tan ambicioso que la idea era continuarlo hasta la capital de Nariño, la ciudad de Pasto. De aquella proyección queda el túnel construido por la vía de Los Dos Brazos, que hubiese servido para el desarrollo de regiones tan importantes como el Valle del Patía y la fértil meseta de los pastos. Junto al tren se construyó una gran infraestructura que desapareció en un santiamén, como castigo a la desidia y falta de visión nuestra región, como si estuviéramos sentenciados a vivir en el subdesarrollo.

Los edificios, los rieles, las locomotoras, los vagones, se esfumaron como si no nos importara. La estación de Popayán, un edificio sobrio, con tono imperecedero, fue volcada por un terremoto de inconciencia para privar al Cauca y Popayán de una posibilidad expedita de desarrollo, sentenciándonos a ser un territorio pastoril, de economía de subsistencia. El tren hubiera podido proyectarnos como un importante encomio de desarrollo, de productividad, de competitividad; el turismo podría tener hoy otro sentido, otro atractivo, otra posibilidad de movilizar tantos pasajeros, tanta carga, tantas expectativas.

No hubo voces de defensa por el ferrocarril, como si se hubiesen amangualado la miopía y la falta de pertenencia, en favor de este mecanismo de transporte tan fundamental para el desarrollo regional. Países con menores posibilidades, menor riqueza, han sostenido el tren para unir grandes distancias y mover grandes volúmenes. El Perú conserva su red de trenes a través de todo el país, se dan cuenta de que el mecanismo facilita el equilibrio del desarrollo, impide que la riqueza se focalice en áreas metropolitanas, distribuye la producción industrial y la agroindustria por toda la geografía nacional.

Para parodiar la canción Santa Marta, Santa Marta tiene tren/ Santa Marta tiene tren/ pero no tiene Tranvía/ si no fuera por la Zona, caramba/ Santa Marta moriría, cuando por iniciativa privada se trajo un tren pero no había rieles, aquí la falta de visión nos dejó sin tren y sin tranvía, un recurso que se había podido conservar, pero pudo más el interés de las grandes empresas de transporte terrestre empeñadas con acabar el infraestructura férrea. Como resultado, Colombia es un país sin alternativas de transporte, los medios actuales suben de manera exorbitada los costos de las mercancías, cada vez que se les antoja los camioneros, los monopolistas del transporte, los campesinos, los indígenas, los profesores, y quien quiera, taponan la única vía que comunica a Popayán y el Cauca con el resto del mundo, nos encarecen los productos, hacen que la rentabilidad de lo que producimos se quede para la descomposición en las fincas y tengamos los promedios de ingresos más bajos del mundo.

Esta oportunidad da para recordar que un día tuvimos tren, ojalá sirva para enterarnos cuál es el origen de nuestra pobreza: nos es otro que la decidía de nuestros dirigentes; no es otra que la vanidad de unos pocos que imponen sus intereses a la inmensa mayoría.

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