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Todo no es negocio

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Imagen cortesía de: https://bit.ly/3y3A8aU

Todo no es negocio

Por Diana Espinosa Villalobos.

El amor al dinero le ha dado carta de naturalidad a la idea de que “Todo es negocio”, así se pase por encima de la ética y del sentido común.

Los emprendedores, con su honroso título, se han dedicado a escrutar minuciosamente el panorama completo de la existencia y han descubierto que se pueden hacer negocios con la vida humana completa, desde el nacer hasta el morir. Se negocia con la tierra, el agua, el aire, y el fuego. No hay ética al negociar. La ética bursátil tiende a moralizar cuanto produzca ganancia.

Sobre el morir ya hay suficientes funerarias, empresas de pompas fúnebres, hornos crematorios y lotes de cementerio que explican con suficiente claridad el por qué la muerte es un buen negocio.

Pero que el nacer también lo sea, ya es algo que sobrepasa la capacidad de asombro y de digestión moral de cualquier persona que tenga cinco dedos de frente y un pequeño código de ética y sanas costumbres.

La inextinguible sed de dinero –¡Dinero, dinero, dinero! exclaman las multitudes– hace que los ojos sedientos se posen en todo, y no queda rincón oscuro del mundo al que no se le haya echado un vistazo con la calculadora en mano, con miras a ordeñarle unas cuántas onzas de oro de ganancia.

Las selvas, el aire, el agua fluvial y marina –de la tierra no vale la pena hablar—el fuego, el éter, el espacio vacío y la luna ya han sido debidamente estudiados, auscultados, examinados y ya se sabe cuántos dólares pueden producir cada uno.

Es increíble pero ya se ha calculado, con sofisticados estudios de marketing, la cantidad de dólares que podría generar una hectárea de la luna.

Estudios voluminosos hay que delatan cómo existen en nuestro planeta Tierra casi diez negocios por cada habitante del sufrido globo terráqueo.

El peor de tan inimaginable y numeroso conjunto de negocios es la guerra, una variante dramática de la muerte, solo que en tecnicolor, música de fondo y emociones a granel. Porque la guerra vista en pantalla grande o chica, es divertida, rentable, emocionante. Lo duro de la guerra es padecerla en carne propia, con el miedo horadando el alma y con la boca llena de maldiciones para el enemigo.

Ahora bien, si aplicamos las reglas de la antonimia a la muerte y sus numerosas variantes, cabe preguntarnos: ¿qué es lo contrario del morir? Pues el antónimo exacto del morir es el nacer.

Vista la tendencia a negociar con todo, nos vemos obligados a reflexionar en el heterogéneo conjunto de negocios que giran alrededor del sencillo y natural acto de nacer. Primero dejemos que el sentido común nos guíe e iremos descubriendo la parafernalia del comercio más inocente y humano, que existe desde que el mundo es mundo y desde cuando las mujeres dan a luz: ventas de pañales, mitones, cobijas, ruanitas, teteros, cunas, manijas, chilindrinas, sonajeros, chupos, caminadores, bolitas, frazadas, mecedoras, retratos, canciones, talismanes, etc. La legalización del acto de nacer es, por supuesto, un buen negocio para el Estado y para los particulares: registro, foto, huellas, padrinos, fiestecita, videos, pastelitos, etc.

Lo dicho hasta aquí puede juzgarse como la abigarrada serie de eventos que le dan un toque humano al acto de nacer. No obstante, muchas voces autorizadas en USA y en el mundo nos han abierto los ojos acerca de la faceta inhumana del nacimiento: Una es la del filme “The business of being born” (El negocio de nacer), visión desde la óptica de la ética: Estados Unidos tiene unas “cifras escandalosas” de cesáreas y es el segundo peor país del mundo en mortalidad peninatal.

Un blogero dice con acierto: “Pero su situación también es extrapolable al resto de los países como España donde los centros públicos casi duplican las recomendaciones de la OMS de cesáreas y los privados las triplican (25 y 45% en vez de 15%)”.

Sería fácil llegar a una conclusión acelerada en el sentido de que la explicación de tan inhumanas cifras se halla en que el nacimiento es un buen negocio. Por cada cesárea practicada, evidentemente, los médicos y los hospitales ganan más dinero, mientras que con partos normales se acaba esa mina de oro. “Los hospitales se centran en el beneficio económico de la rapidez de partos mediante la hipermedicalización o cesárea y no en el bienestar madre-bebé, y que esta situación solo favorece a los médicos”, añade el bloguero.

El panorama descrito anteriormente es sencillamente inhumano, cruel y de sobremesa, increíblemente violatorio de los derechos fundamentales del ser humano. Y si analizamos que esto está ocurriendo en los E.E. U.U, el país garante de esos derechos humanos, quedamos pasmados.

Sin embargo, hemos dicho que la conclusión antedicha sería acelerada por cuanto no explica de fondo las causas del problema. Resulta indispensable explorar el factor ético que subyace en la toma de decisiones.

Ese factor es una luz según la cual podemos entrever la necesidad de combatir la ética bursátil, para la cual todo cuanto produzca ganancia tiende a ser, no solo legal sino moral o éticamente aceptable.

La ética bursátil se caracteriza porque despoja a las personas de su condición humana y las cosifica, las instrumentaliza, las convierte un medio (ganancia) para obtener fines ruines y egoístas

No podemos dejar que la letra itálica y en negrilla sea la única y humilde técnica para destacar la importancia de la lucha contra esa ética bursátil. Es imperiosamente urgente y necesario utilizar las estrategias de la educación formal y la presión mediática para crear conciencia en niños y adultos de que “TODO   NO ES  NEGOCIO”.

Además, los profesionales médicos y enfermeras que rechazan esa conciencia pragmática y utilitarista, para la cual el cuerpo del paciente es un mero objeto, deben ser reconocidos como fieles al juramento hipocrático y como personas leales con los más caros ideales de la humanidad, que coloca en ellos la custodia de la vida y de la salud.

 “The business of being born” (El negocio del nacimiento) destaca y denuncia a los E.E.U.U. como poseedor de “uno de los peores sistemas obstétricos del mundo desarrollado tecnológicamente”.

 “Nacer es un negocio que mueve más de un billón de dólares” al año, denuncia el blog y deplora que a las mujeres –y esto es válido para todo el mundo—se las ha convencido de que no pueden parir en forma natural.

Eso es parte de la campaña abominable que busca moralizar y legalizar la ética bursátil de que “todo es negocio”.

Otra medida que coadyuvaría al exterminio de tan abominable moral a la que nos hemos referido, se encuentra en la lucha legal ante los estamentos legislativos de cada país, a fin de que se invierta y se elimine la pésima aplicación de la metodología de Skinner, de premiar con mejor salario al médico que opte por realizar cesáreas innecesarias. Estoy segura que Skinner recomendaría premiar y pagar mejores salarios al facultativo QUE EVITE LA CESÁREA y coprotagonice el acto de nacer en forma natural y feliz.

Conclusión

Somos las mujeres quienes debemos estar adelante en esa lucha, que ha de beneficiarnos a nosotras y a nuestra descendencia. La ética bursátil es el enemigo. Desgraciadamente, esa ética tiene un aliado en algunas de las mismas mujeres: aparente y momentáneamente la cesárea merma el dolor del alumbramiento. Y con esa premisa conquistan la aprobación del ala femenina del problema. En mi concepto, esa es la bola de cebo con que adornan el anzuelo. 

Diana Espinosa Villalobos, fort Lauderdale (FLA) Usa, junio 26 de 2021.

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