Tiranos y arrasadores.

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El nuevo, contundente y valeroso pronunciamiento del papa León XIV, condenando la infernal maquinaria de guerra, terror y muerte que han puesto en movimiento los gobiernos aliados de Estados Unidos e Israel, para alterar la paz y la estabilidad del mundo, es una forma legítima y maravillosamente eficaz para modular y advertir sobre la siniestra atmosfera de intimidación y miedo que suele provocar entre muchos seres y entre muchos pueblos el rostro repugnante y aniquilador de las guerras. Esas guerras que siempre han sido la escritura con la cual se ha expresado la historia universal de la infamia.
“No le tengo miedo al gobierno de Trump” ha declarado con certidumbre el papa; agregando que la presencia de Dios no acompañará el uso y la violencia de la espada.
Solo la estupidez y la perversión cínica de dos oscuros personajes, como lo son Trump y judío Netanyahu, los que están creyendo que la irracionalidad de la violencia puede ser el camino para reconfigurar la geopolítica del nuevo orden planetario. Y que importa que en épocas pasadas y oscuras esa pretensión haya logrado algunos relativos éxitos; pues precisamente el supuesto y deseable progreso moral de la humanidad esencialmente consiste, o puede y debe consistir, en sustituir la razón de las armas por el arma de la razón.
¿Lograremos, como especie, alcanzar algún día esa elemental aspiración para instaurar en la civilización humana una época de armoniosa convivencia, de convivencia solidaria, entre todos los seres y todos los pueblos del mundo? ¿Podremos algún día, en este planeta azul con tempestades y miserias, arrancarnos de esa obsesión de agregarle más capítulos de horror y de tragedia a esa ya milenaria historia universal de la infamia?
A pesar de todo lo sucedido y de lo que sucede, será bueno nunca abandonar ni de renegar de la esperanza.
Si Dios no existiera, declaraba en tiempos pasados, esa especie de místico atormentado llamado Fedor Dostoievski, todo estaría permitido. Y a veces y sin duda alguna, pareciera que Dios no haya existido, o al menos se podría suponer que estuvo ausente o bien indiferente frente a los aconteceres de la tragedia humana.
También y lo queremos recordar ahora, en tiempos no muy lejanos, un gran poeta filosofo, ebrio de humanidad proclamó a grito herido la muerte de Dios. Y aseguro, con intención visionaria, el surgimiento de una “bestia humanoide” designada como el superhombre, criatura que, apoyada en una supuesta y escalofriante voluntad de poder, lograría en el universo humano las conquistas que no lograron alcanzar ni Dios ni los muchos dioses fabricados en la historia.
¿Sera que los Hitler, los Atilas, los tiranos, los verdugos, que con tanta frecuencia emergen en el mundo, para confundir las tragedias y las comedias de la aventura humana, son los sujetos que imaginan que ellos pueden ser los superhombres de la nueva y desgraciada historia?
Personalmente yo no me puedo imaginar al desequilibrado y energúmeno de Trump, ni tampoco al psicópata nazi-judío de Netanyahu, hayan dedicado parte de su tiempo a reflexionar sobre los angustiosos y profundos pensamiento de Dostoievski o sobre las alucinadas y desconcertantes especulaciones de Nietzsche. Ni el Zaratustra, ni un libro como el “Más allá de bien y del mal” deben haber sido parte de sus lecturas favoritas. Es casi un imposible metafísico suponer espiritualidad o intelectualidad verdadera en estos dos oficiantes del terror y del odio contra vida. Ellos simplemente y como bien los definió el sensato papa León son simplemente tiranos arrasadores en plan de orquestar las músicas del infierno sobre la faz de la tierra.
Extraño y escalofriante momento histórico el que está padeciendo nuestro mundo, por cuenta de un reciclado y rapaz imperialismo, obsesionado por amplificar los límites de su codicia y su intimidación militar. Dentro de muy poco tiempo la América Latina será escenario de sus violaciones y sus depredaciones. Amparados y motivados por una ideología de derecha extrema, ya están en diseño y en procesos intervenciones y aventuras militaristas sobre nuestro mundo. La bestia rubia tiene en mente volver a convertirnos en su patio trasero. Tambores de guerra y oscuros presagios de muchas amarguras se alzan en nuestro frágil horizonte de naciones soberanas. Para nuestro hemisferio y para muchos otros pueblos y naciones del mundo el imperativo moral y político es la defensa y la solidaridad mutua. La denuncia de la brutalidad irracional y criminal que acarrean las guerras de despojo y exterminio. El imperio y sus mezquinos cómplices, no valoran nuestras vidas ni nuestras todavía precarias soberanías nacionales, solo valoran y solo desean nuestras riquezas naturales.
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