Tesis irreverentes sobre Venezuela y el Mundo

Tesis irreverentes sobre Venezuela y el Mundo

- No hay dentro de Venezuela quien tumbe a Maduro y su camarilla. La derecha pro-intervencionista no tiene cómo. Y Trump no se va a meter en esa aventura ni los pueblos vecinos apoyarán una guerra.
- Todavía puede surgir un “Deng Xiaoping” venezolano, que aplique una línea más dictatorial contra la corrupta burocracia, impulsar el capitalismo productivo (no rentístico) y mantener el control del Estado (ejército). O sea, poner a marchar a la gente que se quedó. Es, en forma sintética, la línea “china”. No es ningún socialismo, pero se mantiene la precaria soberanía frente al imperio estadounidense-europeo que quiere el control del petróleo.
- No sé si Maduro lo pueda hacer, pero debe ser lo que le recomiendan Putin y Xi.
- El único problema es que un pueblo acostumbrado a trabajar a un ritmo lento, puede reaccionar negativamente. Pero si Maduro o Cabello, o el que sea, hacen una fuerte purga anti-corrupción y montan una verdadera dictadura con apoyo popular, pueden ganar tiempo.
- Y creo que gran parte del mundo va por el camino chino, que no es socialismo sino una especie de “postcapitalismo despótico” o “capitalismo asiático”. La democracia burguesa ya no da más en ningún rincón del mundo.
- Las grandes masas medias y conservadoras, asustadas por el derrumbe del capitalismo y la crisis sistémica de la sociedad patriarcal (delincuencia a todo nivel, liberación femenina, LGTBI, emancipación étnica) piden mano dura y tienden a refugiarse en las religiones punitivas.
- Ese “postcapitalismo despótico” o “capitalismo asiático” lo están adornando como una nueva religión “nacionalista” (La gran madre Rusia, Primero EE.UU., El sueño chino), y ser un “buen” antídoto contra el desmadre total.
- El “postcapitalismo despótico” o “capitalismo asiático” ya tiene todas las herramientas para controlar a las mayorías sociales usando el “esfuerzo sostenido” para enriquecerse (emprendimiento y marketing personal), la “economía naranja” (entretenimiento alienante), consumismo obsesivo, individualismo virtual, y para aquellos a quienes no les funcione esa especie de “auto-control”, le aplicarán toda la tecnología cibernética de vigilancia virtual y los desarrollos de las neuro-ciencias, para prevenir cualquier clase de rebelión.
- Claro, a esa política no se le puede llamar “socialista” y menos “comunista”.
Es por todo lo anterior que la lucha de los proletarios rebeldes, los libre-pensadores incontrolables, los oprimidos conscientes, las mujeres libertarias, los inter-bi-trans-homo-sexuales subversivos, los indios y negros insumisos, los artistas inconformes y demás elementos sediciosos, ya ni siquiera puede hacerse “desde abajo”; hay que diseñar nuevas estrategias para acumular fuerza desde lo “liminal”[1], desde lo subterráneo, desde las fronteras visibles e invisibles, desde las catacumbas virtuales y desde el anonimato emancipatorio.
En gran medida Julián Assange inauguró esa estrategia; pero lo hizo solo y se dejó ver.
Mientras tanto, el cambio climático y el desequilibrio ambiental hacen su trabajo. ¿Sobreviviremos?
E-mail: [email protected] / Twitter: @ferdorado
[1] La liminalidad (del latín limes “límite” o “frontera”) es la situación que corresponde a cuando no se está ni en un sitio (que puede ser físico o mental) ni en otro. Es un concepto desarrollado por el etnólogo Arnold Van Gennep.
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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/fernando-dorado-gomez/




