Terror: arma del gobierno y oposición


Desafortunadas declaraciones del presidente Santos, en el Foro Económico Mundial de Medellín, sobre la posible reactivación de violencia urbana de las Farc, en caso de que el pueblo colombiano no vote afirmativamente, el acuerdo para la desmovilización de la guerrilla, que actualmente discuten en Cuba.
Tanto en amigos del proceso como entre sus opositores más radicales, las declaraciones del presidente provocaron rechazo, al interpretarlas como un chantaje a la mayoría de población, que cada vez más parece desinteresarse con la suerte de las negociaciones.
Aprovechando el papayazo, el expresidente Uribe, trinó para mostrarse como el ‘macho valiente’ dueño de los tres huevitos, que casi derrotó a las Farc y para calmar el alboroto generado, el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, terció, anunciando que las Fuerzas Armadas, están preparadas para afrontar una posible embestida terrorista en las ciudades colombianas, mientras el presidente Santos, ante el torbellino de sus declaraciones tempranas, aclaró, estar seguro de que eso no sucederá, pues las negociaciones están avanzadas y falta poco para concretar la desmovilización del más antiguo y poderoso grupo guerrillero del país.
Lo cierto es, que el terror es un arma que manejan los dirigentes políticos, de uno y otro bando, para movilizar en las urnas a ‘las masas’, ‘ciudadanos’ y en general a las mayorías ‘analfabetas funcionales en el tejemaneje político’ fácilmente manipulables con discursos incendiarios y posiciones extremas, reforzadas mediante consignas y mentiras persistentemente difundidas por los medios de comunicación y redes sociales y a lo largo de la historia universal y patria, ha sido profusamente utilizado por los ‘Maquiavelos’ del poder, llámense: monarquistas o republicanos, liberales o conservadores, izquierdistas o derechistas, etc. etc.
Para no irnos al siglo XIX, recordando los debates y guerras de Tomás Cipriano de Mosquera contra los godos esclavistas, encabezados por su sobrino, Julio Arboleda, quienes se oponían a la educación laica, expulsión de los jesuitas y expropiación de los bienes de la Iglesia; metiéndonos a los años 30s del siglo XX, encontramos que con el triunfo del liberalismo, después de 45 años de hegemonía conservadora, los godos radicales, encabezados por Laureano Gómez y la jerarquía eclesiástica, para atajar las Reformas Agraria, Urbana y Laboral, la educación laica y otros revolcones tendientes a democratizar y modernizar el país feudal, se unieron desde las plazas públicas para asustar al pueblo con el ascenso de los ‘cachiporros, ateos e hijos del diablo y devoradores de niños’ y pregonando desde los púlpitos, como lo hacía desde Santa Rosa de Osos, el monseñor Builes, “que matar liberales no era pecado”, sentando las raíces del odio ciego entre liberales y conservadores y de la violencia que estimuló Laureano Gómez, cuando llamó a sus copartidarios fanáticos a la “acción intrépida” para hacer ingobernable a la ‘República Liberal’, que incluía el asesinato y atentados contra la oposición, tan comunes en los ‘chulavitas’, con tierra libre, después que echaron a todos los policías liberales para reclutar sólo a conservadores.
Al final mataron a Gaitán, se desencadenó la violencia reiniciada desde los años 30’s, no hubo Reforma Agraria, ni cambios significativos en la propiedad de la tierra y otros medios de producción monopolizados por elites alternándose el poder en el Frente Nacional, surgieron las guerrillas liberales, algunas se desmovilizaron, mataron a Guadalupe Salcedo en una calle de Bogotá, y los que permanecieron se convirtieron en Farc, Epl, Eln, etc; a mediados de los 60’s, el presidente Lleras Restrepo intentó en vano resucitar la Reforma Agraria, surgieron el M-19, Prt, Quintín Lame, Ricardo Franco, entre otras guerrillas, el ejército hizo ofensivas para intentar acabarlas pero no pudo del todo. En el 90 se desmovilizaron los del M19, Quintín, un sector del Epl, el Prt, vino la Constituyente, que a pesar de significativos cambios para democratizar la sociedad, se quedó corta en muchos frentes y económicamente encadenó al país a los intereses privados y monopólicos del neoliberalismo nacional e internacional, el narcotráfico permeó toda las instituciones de la sociedad colombiana: empresarios, políticos, gobernantes, guerrilleros y paramilitares resucitados desde las Convivir de Uribe en la gobernación de Antioquia; Pastrana fracasó en el Caguán, inició el Plan Colombia, Uribe con Santos en el Mindefensa, arrinconó a las Farc, pero no pudo acabarlas y tampoco tuvo éxitos en sus intentos de negociar con ellas y el Eln y el actual presidente hace 4 años inició el proceso en La Habana, que parece no interesar a los colombianos. En este contexto se interpretan las declaraciones de Santos, asustando a los indiferentes con el ‘coco’ de la resurrección de la guerra, mientras los uribistas aterrorizan con el ascenso del gobierno ‘castrochavista’ en caso de que sea aceptada la Justicia Transicional, con penas blandas para guerrilleros, políticos, empresarios y paramilitares participantes activos en el conflicto y que dirigentes guerrilleros participen en política.



