Terremotos historia y política.

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Estremece, conmueve y asombra la nueva y desmesurada tragedia que en estos momentos afronta nuestra hermana república de Venezuela. Nación que por estas épocas parece abandonada por los improbables dioses que podrían proteger el desarrollo y el bienestar en la vida y en los pueblos.
En el pasado, los muchos terremotos que han desolado y devastado al “BRAVO PUEBLO”, curiosamente estuvieron ligados a momentos decisivos de su historia y a las coyunturas más relevantes de su acontecer político.
Recordamos aquí que cuando el libertador Simón Bolívar estaba dando sus primeros pasos en su descomunal proyecto de liberar a casi todo un continente de la dominación española, un demoledor y arrasador terremoto también aconteció y de muchas formas afectó de manera profunda e inquietante el desarrollo de la guerra de independencia. Los sucesos ocurrieron un jueves santo, concretamente un 25 de marzo del año de 1812.El terremoto produjo una impresionante y aterradora devastación física y humana en la ciudad de Caracas y en casi todas las poblaciones de la zona norte de Venezuela, En aquel día trágico, también un poderoso terremoto, quizá de una intensidad similar al del presente ,convirtió en ruinas a la ciudad de Caracas y a numerosas poblaciones situadas en las regiones del norte de Venezuela, en esto también hay similitud con las devastaciones del terrible terremoto de los días recientes. En el terremoto de 1812 y por una extraña coincidencias, la mayor parte de las ciudades y las zonas afectadas por el sismo fueron aquellas donde el movimiento independentista tenía muy pocas simpatías, eran las regiones más adictas a la monarquía española. Esta curiosa coincidencia dio pie para que el pensamiento supersticioso interpretara como una manifestación expresa que el azar de la naturaleza señalaba que la causa de la independencia era seguramente sacrílega y muy probablemente repudiada por los designios de la divinidad y de la monarquía católica. Muchas gentes, alimentadas por su ignorancia y adoctrinadas por la predicas de la numerosa clerecía española, que era fanática y que era sector influyente y respetado por los sectores populares, se acogió a esa interpretación y parece evidente y comprobado que le retiraron su entusiasmo y apoyo a la causa de los independientes. Pues a partir de ese momento hubo un retroceso considerable en los no demasiados avances militares que hasta ese momento había conquistado la guerra por la independencia. El mismo Bolívar ha dejado constancia escrita de estos sucesos, relata su intervención en los mismos y se atribuye haber expresado que si la misma naturaleza se opusiera a sus planes lucharía contra ella hasta derrotarla.
Como nota marginal y personal dentro en esta columna, confieso que yo también mantengo una especie de relación, seguramente algo supersticiosa, con la presencia de los jueves santos. Un jueves santo también padecimos terremoto en Popayán y un jueves santo moriría en Paris mi único hijo Alejandro a la edad de 27 años. Y otros eventos de índole trágica me han ocurrido en ese extraño día.
El hecho concreto y que provoca algunas reflexiones es constatar que la hermana republica de Venezuela parece vivir un tiempo como el que supuestamente se conoce como un tiempo similar al que se vivió cuando llegaron las siete plagas de Egipto. Por lo mismo no es extraño, que también es estos tiempos, de los cuales se dicen están marcados por una racionalidad hipermodernista, la gente frente al terror y el asombro que engendran las grandes tragedias se refugien y apelen a las explicaciones religiosas o bíblica para al menos imaginar que sus terribles sufrimientos pueden explicarse de alguna manera.
No olvidemos que la nación venezolana esta sometida y controlada por una forma inédita de dominación imperialista, que inclusive pretende convertir la patria de Bolívar en un posible nuevo y una posible nueva estrella de la bandera Gringa. La complicada coyuntura que sufren los venezolanos pareciera no tener salida a la vista. Sus horizontes de futuro son inciertos y oscuros en el corto plazo. Y la nueva y desmesurada tragedia que ahora debe afrontar hace mucho más angustiosa la posibilidad de una pronta reconstrucción de todas estructuras tanto físicas como políticas.
También es digno de elogio el apoyo y el afecto solidario de tantos pueblos del mundo ante la tragedia. En el inexorable transcurrir de lo que casi siempre es historia universal de la infamia, la solidaridad fraterna entre los pueblos del mundo, son de los pocos puntos de esperanza, que aún sobreviven, para sostener y sospechar que de pronto si tendremos una segunda oportunidad para dignificar la historia.
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