Sueño bélico

Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco.
Sigmund Freud

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Anoche soñé que un oso de anteojos me perseguía por las montañas de Jambaló, Cauca, zona de salvaje e insensata guerra.
Corría desesperadamente, aunque pensaba, también, con el consuelo cándido de quien va a morir irremisiblemente, que el oso que me perseguía podría ser ciego.
Súbitamente, como en todos los sueños que se doblan y repliegan en imágenes irracionales y asombrosas, el Oso de Anteojos se transformó en un mortal tatuco de las FARC y, sorpresivamente, en tanque de guerra que maquinalmente también me perseguía.
Enarbolé desesperadamente en mis manos los girones que me quedaban de mi camisa blanca desgarrada por la furia del plantígrado, gritando y clamando con desespero respeto por mi vida, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario como persona protegida.
Como no observé, por ningún lado, confieso que por ningún lado, miembros de la Guardia Indígena que me protegieran, por haber huido para salvarse de la confrontación, no me quedó más opción que despertarme de manera fulminante, pues en esas condiciones uno, o se despierta o se muere.






