SOR JUANA INÉS EN POPAYÁN



La poeta Gloria Cepeda Vargas tiene un enjambre de amigas que gustan de la literatura. Las convoca a su nido con libros para celebrar con ellas fiestas con la palabra. Con su facilidad de expresión, espectacular memoria y su timbre de campana fina es capaz de congregarlas por horas enteras para desmenuzar versos y llenar los oídos del placer que los temas tratados producen en el ánimo.
Este jueves me había invitado a conversar con su grupo selecto sobre la vida y obra de aquella monja arisca y humana Sor Juana Inés de la Cruz Ramírez Asbaje, hija de México pero que llena aún hoy el universo castellano con su halo. La hora señalada era las 4:00 p.m. Pero a las 3:23 ya estaban en la sala las 10 contertulias con el interés de escuchar la verdad fascinante de esta mujer singular que dejó un legado que aún está por ser digerido.
Desde sus primeros años sorprendió a propios y extraños con su facilidad y curiosidad para el estudio de la lengua de Cervantes y la agudeza en temas abstrusos. La edad para ella nunca fue óbice para detener su afán de conocer, de entrar a los laberintos de los temas o de abordar cuanto preocupó siempre a eruditos, especialistas y hombres. Su condición de mujer la equiparó a la de ellos y nunca fue barrera para detener su ingenio.
La conversación fue rondando por su temperamento arrojado, la hondura de su ingenio, la claridad de su verbo y la novedad de tratar cada tema. Es una mezcla de humor, de desparpajo, como de quien sabe qué brasas está pisando y qué ardor o ampollas levantará con lo que dice y escribe. Puso en entredicho a autores de renombre, al clero y sedujo a virreyes y virreinas. Ingresó a la comunidad religiosa de las Jerónimas y en la Corte virreinal se hizo al uso de tres pisos para su habitación y biblioteca personal.
No contenta con no seguir los pasos de los escritores de su época, se apartó de ellos para confeccionar a su manera y renovar lo que ellos imitaban. Convenció con su producción y ha dejado su huella esquiva. Su poesía contiene una deliciosa mezcla de gracejo, rebeldía de forma, contraposiciones, idas y revueltas de imágenes nuevas y posturas irreverentes ante la iglesia y las reglas sociales de entonces.
Gran novedad fue la presentación de sus sonetos, redondillas, romances y liras de facturas de vanguardia entresacadas de la joya editorial Impsat, de Buenos Aires, Argentina, 1998, con prefacio y prólogo de Germán Dehesa y Margo Glantz y dibujos de Jorge Marín.
Cada asistente recibió copia de ocho sonetos que leyeron y levantaron interrogantes, comentarios y opiniones que compartieron por más de una hora. Qué temprano atardeció en Popayán con Sor Juana en el cenit.
18-02-17 9:47



