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miércoles 18 marzo, 2009 a las 1:43 pm
SONETOS “DE LA VIDA Y EL SUEÑO” DE GLORIA CEPEDA

Gloria Cepeda en su residencia. Popayán. Foto Leopoldo de Quevedo

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
[email protected]

El próximo martes 24 de marzo, a las 6 p.m. en Popayán, en el mágico Salón de los Espejos, la Gobernación del Cauca rendirá homenaje a la poeta caleña Gloria María Cepeda Vargas. Le publicará un libro de semblante castellano, manchego y cervantino. El poemario es un ramillete de sonetos que lleva el sobrio título “De la vida y el sueño”.

Gloria Cepeda Vargas es una de las figuras femeninas más representativas de la poesía colombiana. Desde los 13 años escribe versos como si fuera lo único que hubiera aprendido a hacer en su vida. Y no. No lo aprendió, es un don que le regalaron sus neuronas. Sus primeras letras nacieron tras las reprimendas o tras el regreso de la escuela a casa. “Su pecho se revolvía, las palabras se atropellaban en su garganta y las imágenes le ponían zancadilla a cada paso”, ella contaba.

Le ha cantado a Caracas, donde vivió 40 años y le abrieron las puertas de ateneos, paraninfos, revistas y periódicos. Al volver a la Patria se estableció en la ciudad más universitaria de Colombia, la patria chica de sus padres. Le ha cantado a “Colombia, aquí y ahora” y ha donado al Encuentro de Mujeres Poetas de Roldadillo su sapiencia y maestría.

Su última producción es un canto a la memoria del Quijote y sus andanzas. Lo ha facturado en un lenguaje cercano al de la época en que Cervantes bien fablaba. Cualquiera podrá hacer sonetos con once sílabas y medir con metrónomo los acentos y terminar los versos en rima consonante en la forma que mandaron Petrarca y Lope de Vega. Mas, al perorar el canto que produjo la Cepeda Vargas, la memoria y la osamenta de Cervantes abre un ojo y se levanta de su sueño. Con él se ponen en fila Dulcinea y Sancho Panza y hasta las lanzas rechinan entre los versos.

Gloria Cepeda en 12 sonetos de tersa piel medieval y galanura marcial dialoga y reta al Caballero que dio lugar en su cerebro a la locura y en su brazo a las batallas fieras. Le da razón de su estulticia por no haber conseguido los amores de su Ama, aunque era un horno que abrasaba lo mismo a medio día que a cualquier hora. Él en su quehacer de desfacer entuertos domó en su cuerpo aquestos ardores. “Mi amor por ella –dice- no verdea/en prado de lujuria. Bien mandado/es como mi Señor quiere que sea:/ Agua sin ablución, fuego domado.”

“Malquisto por sobrado. Desbordante/ de entelequias y ascéticos collares/ Señor de lo menguado y lo abundante/ cruza mi puerta y honra mis pesares”, anima Gloria Cepeda al desventurado y lo invita a quedarse en la Ciudad Blanca donde se le ama.

Dicen que remozada con el llanto/del Cauca, su osamenta se destierra/ y vuelve como zumo de quebranto/ hecha a las desnudeces de la sierra./ Que como en trasvasado mediodía/ vamos en pos de su monomanía/ fieles al mar, conscientes del cilicio.

Gracias, Gloria Cepeda, por sacarnos de la estulticia de la guerra y traernos de nuevo a la sabiduría y aventuras del loco más leído en toda la Historia.
17-03-09 – 10:38 a.m.

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