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sábado 21 mayo, 2011 a las 5:12 pm

SOBRE LA MENTIRA

JOSE LOPEZ HURTADO*
Sergio Ramírez, ex vicepresidente de Nicaragua, escritor y abogado, autor de La Fugitiva (“La maldición de Amanda fue su genialidad. Hizo todo lo que pudo como mujer para disimular su condición de ángel” – 2011), escribió hace algunos días, un delicioso y entretenido artículo sobre un fulano, Gregor Mc.Gregor, escocés de pura cepa, nombrado por allá en 1816 por el propio Simón Bolívar como General de División de su Estado Mayor.
Prevalido de dicha condición, como cualquier David Murcia de la época o como tantos politicastros que estamos escuchando por estos días de campaña electoral, engañó a más de uno, incluso a la misma realeza de Inglaterra, cuenta Ramírez, la que como Colón ante los Reyes Católicos, cayó rendida ante sus imaginarias proezas a este lado del Atlántico.
Puras mentiras, pero embustes muy bien ideados que hicieron creer a todos que un Nuevo Mundo en la Costa Caribe de Nicaragua había sido descubierto. El asunto es que el escocés creó un país sólo existente en su cabeza, al que llamó Poyais. Preparaba así el gran desfalco a todo aquel que se atravesara en el camino.
Aquí si está para decir que sólo le interesaba “la política aritmética de los negocios”, que su protector Bolívar endilgaba como vocación exclusiva de los gringos. Comenzó vendiendo en Europa lotes de tierra de ese país ficticio del que se proclamó amo, señor y dueño. Y los flemáticos ingleses le creyeron.
Así que queda desvirtuado que sólo por acá rendimos culto a la estupidez, cada cuatro años en época de elecciones. La nueva versión de El Dorado, había sido escrita por el ingenio desbordado del escocés que estaba dispuesto a “tumbar”, como se dice en Colombia, a todo el mundo. Por supuesto que por esos días de vacas flacas, un contingente de aventureros, como había ocurrido cuatro siglos antes con las Tres Carabelas, decidieron venir a probar fortuna en el idílico y exótico lugar. Para entonces, ya Mc.Gregor, se había embolsillado una fortuna en libras esterlinas. Pero como todo pícaro en principio, tiene suerte, sigue narrando Ramirez, los barcos naufragaron antes de llegar a su destino y el escocés se salvó de ser atrapado en su mentira.
El Código Penal no contemplaba, al parecer por aquellos días en las nacientes repúblicas, el delito de estafa y el creador de la monumental mentira, sólo fue enjuiciado por “falsas promesas”, como cualquier Romeo embaucador, a quien solo le interesa la prueba de amor, o repetimos, como cualquier político en trance electoral.
Ramírez, como para despejar cualquier duda sobre la existencia real de éste personaje se cuida muy bien al finalizar su escrito diciendo que en el Panteón Nacional de Caracas, existe un curioso epitafio en su tumba: “… Mac Gregor era además, un arriesgado, perseverante e ingenioso estafador”.
Porque muchos pensamos al principio que el relato era otra creación de su formidable imaginación de novelista, o quizá el retrato fiel de nuestros prohombres públicos, que crean paraísos de papel para engañar incautos, que siempre los hay.
* Analista Internacional, colombiano.
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