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Jueves, 1 de octubre de 2026
miércoles 26 octubre, 2016 a las 5:29 pm

SI YO FUERA PRESIDENTE

Nestor Raul Charrupi Jimenez - blog
Nestor Raul Charrupi Jimenez - blog
Néstor Raúl Charrupí Jiménez

Soy del departamento del Cauca, conozco la violencia de frente, he visto morir amigos, familiares y extraños caídos por las balas, esquirlas o bombas de los bandos enfrentados; en esta absurda guerra llevo el terror impregnado, casi desde niño, que se suscita en el hecho de no saber cuándo le llegará la guerra a uno, si es de día, de noche, como sucedería en fin, son unas permanentes y tenebrosas afugias.

El presidente Juan Manuel Santos se equivocó convocando a un plebiscito sobre un derecho fundamental como es la paz. Esos derechos, los fundamentales, se consideran intrínsecos al ser humano, como es el hecho de proteger la vida, tener esta sin sobresaltos y, como dicen los muchachos, vivir un tanto relajados sin amenazas de ninguna especie. Es algo así como revivir la esclavitud y someterla a plebiscito, para ratificar el nuevo estado sin libertad; desde luego, no se somete a plebiscito, semejante exabrupto, como lo es revivir la esclavitud, porque la libertad es un derecho fundamental inalienable, además de intrínseco con la persona humana en sí misma.

Ambos derechos, el de la Paz y el de la Libertad, han costado históricamente sudor y lágrimas. Con todo, se sometió a plebiscito si queríamos la paz o no la queríamos, pregunta que solo admite una respuesta que los gramáticos llaman tautológica, pues tiene que tener una sociedad graves problemas mentales, como lo dijo el expresidente Mujica, para preferir la guerra a la paz, pero la prefirió. Sin embargo, a pesar de esta macabra opción, quizás la principal función del presidente es la búsqueda de la paz y constitucionalmente esta está bajo la discreción a buen juicio del presidente.

Para algunas personas la guerra es un modus vivendi, ya sea porque han encontrado una macabra forma de convivir con la muerte. Para otros es tan lejana la guerra, que bien pueden correr el riesgo de aplazarla por un tiempo incierto, al fin y al cabo “aparentemente” no es con ellos.

Mi mensaje, desde luego, no es para los primeros, a quienes por odio, venganza o negocio, se les entronizó ese letal vicio, el de resolver las diferencias con la muerte; pero sí para los desinteresados, los cuales al fin entendieron que su abulia producía más terror y muerte, y han salido copiosamente a marchar, evidenciando un inusitado interés de participar en el problema.

Los señores guerreristas consideran que este macabro juego el de la guerra debe mantenerse a través de subterfugios y propuestas obsoletas para preservar esta torcida democracia, es decir, pidiendo extra-tiempos, buscando situaciones electorales favorables. Mientras tanto el tiempo asecha contra la integridad de Colombia, pues son cincuenta años de guerra, que penden de un hilo; deberá en consecuencia, el señor presidente, ahora con el aval de la comunidad internacional, imponer la paz que el concibió durante seis largos años y que el conjunto de países, no solo la ha aplaudido, sino que le ha reconocido ungiéndolo con el más preciado galardón que se le puede dar a una persona que boga por la Paz: EL PREMIO NOBEL.

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