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Viernes, 2 de octubre de 2026

SEPTIEMBRE, BENDITO SEPTIEMBRE

Marco Antonio Valencia Calle
Marco Antonio Valencia Calle
Marco Antonio Valencia Calle

Todavía quedan rezagos del agosto pasado: días de sol, calor y gente caminando con alegría por ahí, en el parque. En días así, a algunos les da por visitar a los amigos. El pasado fin de semana la vida fue generosa y pasaron por mi casa varios de ellos.

Almudena, me visitó el viernes en la noche y quería saber si ya había ido a arrodillármele al nuevo ícono de la ciudad. Me quedé callado, pensando, tratando de agarrar el hilo y entender el sarcasmo (Almudena es una mujer de ironías e imprudencias difíciles de entender). ¿Qué si ya fuiste a tomarte la foto con Blanca Ligia? Es el personaje de moda en Popayán, me dijo. Si no tienes una foto con Blanca Ligia en Facebook, no estás en nada o no eres nadie. Solté una carcajada, pero ella muy seria me contó que políticos, policías, periodistas y aspirantes a cargos públicos van y se le arrodillan, le besan la cabeza, le dan un billete y le dicen que hable de ellos o que insulte a fulano, y ella, bien mandada (o mejor bien pagada), salta al parque de Caldas y grita y grita a todo pulmón cuanta grosería se le antoja, hasta que vienen a chantajearla con otro billete para que se calle, -como pasa con muchos periodistas de barriga en el sur occidente caucásico, y que según el valor del billete te entrevistan o te insultan-. Y mi amiga siguió y siguió hablando hasta que le llegó el sueño de la madrugada, que es cuando las brujas satíricas salen a volar.

Prudencio me visitó el sábado en la tarde, trajo chocolatines para la familia y una botella de whisky. Quiere ser concejal y sin rodeos me pidió apoyo, y de igual forma le respondí que no, pero lo felicité y le deseé suerte. Me dijo que había leído mis últimas tres columnas donde manifestaba mi preocupación por los locos y mendigos de la ciudad de Popayán. Que le habían gustado las descripciones que hice de un par de negros casi desnudos y hambrientos que recorren la ciudad histórica de arriba abajo como espantos, pero salvo darles una moneda o mirarlos con lástima, ni la gente ni las autoridades hacen algo serio por su trágica situación de indigentes o habitantes de la calle. Que con ellos va a pasar como con Chancaca, un mendigo flautista que vivió muchos años bajo el puente del Humilladero, y solo cuando murió alguna gente vino a desgarrarse las vestiduras, y ahora hasta hay un premio artístico que lleva su nombre como homenaje a su condición de flautista, y no ha faltado quien proponga hacerle una estatua a Chancaca; pero cuando estaba vivo, muy pocas personas hicieron algo por él. Después de tomarse él solo la botella de whisky que había traído me dijo que quería hacer una campaña para concejal hablando bien de la ciudad, que jamás osaría decir una palabra negativa para desmeritar las autoridades, las personas o las cosas. Que le parece triste ver tanto candidato que lo único que tienen para ofrecer es su lengua viperina, llena de racismo y odio contra todo lo que represente el pasado o el futuro para la ciudad. Que él será el candidato del respeto al otro, la unidad, el amor, y blablablá.  Y enfatizó: El pasado histórico, genera turismo y el turismo viene a dejar dinero para todos. Este pueblo sin turismo sería un moridero ¿no crees?

El domingo, después de almuerzo llegó Alvarito con sus hijas. Unas adolescente que asaltaron mi biblioteca y querían que les prestara una veintena de libros, pero solo les presté de a uno a cada una, con el mismo miedo que se siente prestarle un hijo a un desconocido. Cuando estuvimos solos en el estudio, Alvarito me propuso un negocio, el mejor negocio del mundo eso sí, pero quería que lo hiciéramos ya en mis horas libres. Le dije mirándole a los ojos que yo tenía trabajo formal, pero además tenía un proyecto de vida y que mi tiempo libre lo dedicaba a desarrollarlo: escribir. Soy escritor, la mejor profesión del mundo, le dije, y ese es mi negocio, ¿podrías entender eso? Implica leer mucho, escribir mucho, pensar mucho, disciplina, compromiso, trabajo duro a diario, eso. No lo entendió, no podía comprender que me traía a casa el mejor negocio del mundo para hacerme rico y yo lo rechazara. Llegaste tarde a mi vida con ese mensaje de Dios, le dije. Ya Dios y la vida me dieron una misión. No lo entendió, se puso furioso, quería que fuera su socio a toda costa. De todas maneras, dijo al despedirse, vendría a saludarme el 18 de septiembre para mi cumpleaños y que seguro asistiría al lanzamiento de mi libro “Leyendas extraordinarias de Popayán”. Eso espero le dije, eso espero de todos mis amigos.

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