¿SENTIDO COMÚN?


¿SENTIDO COMÚN?

«El sentido común es lo menos común que hay», decía mi papá. Y lo asistía toda la razón; pues la razón es muy precaria en un mundo estatuido por mentiras, disimulos, engaños y subterfugios… Un mundo en donde la opinión casi general ha sido engañada por apariencias y luces falsas; un mundo en el cual cada quien defiende sus conveniencias y particulares parcelitas de «realidad», porque así lo exige una cosa que impone su fuerza impulsiva y mayoritariamente: la sobrevivencia; ante la cual vendemos la conciencia, y entonces montamos guardia de la mejor, así las trincheras que nos protegen sean la mentira y el estipendio maravilloso de la utilidad.
¿La justicia, equidad, el bien común, son acaso realidades? La «democracia» y afines, en todo el mundillo politiquero y tramposo, la «verdad» con su tufillo falso o dudoso, la «paz», la «seguridad», la «libertad»… Hermoso diccionario para consolarnos idealmente con pomposos términos que ni la ficción supera. Y henos aquí, «disfrutando» a manos llenas de un mundo incoherente y desordenado, amenazado y doliente, hirviente sazón de nuestros días.
«Sentido común». Habrá que buscar en dónde razonan mejor los cerebros; habrá que rebuscar entre inmensas confusiones; habrá que abrir luces entre oscuros vericuetos… ver en dónde se esconde la verdad.
Y si no, pues miremos un poco sin blandura ni sentimentalismo, sin términos equívocos ni maquillajes demagogos; miremos en torno nuestro, aquí no más, en la cotidiana realidad que nos rodea.
¿Queremos gritos, queremos hampa, robos, asesinatos, atracos diarios, queremos guerrillas, bombas, sublevaciones, paredes y rostros manchados con sangre, desvergüenza en la conciencia, queremos toda esta farsa social y política disfrazada de maravillas? Pues sigamos igual, ahí están; son el producto de gobiernos injustos, el oneroso resultado de una realidad histórica que reincide con sus inequidades, con sus equívocos y manejos ineficientes y amanerados… Todo un prontuario que traemos desde la sombra, toda una realidad que hoy grita y estalla con quejas, alaridos y amenazas, y que no es más que la pura consecuencia, la cosecha de los tiempos, el brote de una enfermedad moral incubada en nuestra realidad por la total falta de sentido común, de solidaridad y justicia desde tiempo inveterado.
Somos ésto; un amasijo de circunstancias negras, dolorosas, inobjetables… Y tenemos la odiosa costumbre de echar la culpa a los vientos nuevos que no han comenzado a soplar ni gobernar. ¡Ni siquiera tenemos razón cuando nos vemos a nosotros mismos!
¡Sentido común, por favor!
**RVQ**
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