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Lunes, 12 de octubre de 2026

¿SE ROBARON LOS SANTOS DE LA CANÉFORA DE SAN FRANCISCO?

Iglesia San Francisco de Asis - Popayán - Cauca
Marco Antonio Valencia Calle
Por: Marco Antonio Valencia Calle

Con fotos en mano el abogado Diego Llanos me cuenta que para ornamentar la fachada de la iglesia San Francisco de Asís, para un matrimonio de la familia Garrido, el pasado 10 de enero, el florista encargado, no tuvo inconveniente en clavar cuanta puntilla pudo alrededor del portón principal, así como en el altar de madera, y nadie le dijo nada.

Bonitas les debieron quedar las fotos, pero el daño que le hizo este sujeto al patrimonio de la ciudad no tiene nombre ni se compensa con cualquier dos pesos. Eso es lo que pasa cuando propios y forasteros no conocen la ciudad, ni saben del valor de un patrimonio histórico, ni tienen sentido de pertenencia.

Fui a la iglesia para ver los daños  y preguntarle al sacerdote, pero solo me atendió un joven sacristán que negó al cura y el tema de las puntillas; y cuando le pregunté sobre varias imágenes de madera que le faltan al Púlpito Mayor que está encerrado en una jaula de forja, atinó a decir que no tenía idea, y ya.  Sería muy bueno que la Administración de la Iglesia Católica de Popayán nos contara a los ciudadanos que pasó con esas imágenes, si las bajaron para restaurarlas, están guardadas o…   si se las robaron.

El púlpito de la Iglesia San Francisco de Popayán, para especialistas en arte y restauradores, es el mejor de Colombia en su especie y de su época. Hecho en madera en los años de mil setecientos, tiene una enorme canéfora o figura de mujer con una palangana de frutas tropicales que un crítico argentino alguna vez llamó “Indíatide” y así se quedó. El argentino la bautizó así aludiendo a las Cariátides, que son figuras de esclavas griegas esculpidas como guardianas en la tumba del rey Cécrope en el  templo de Erecteo, en Acrópolis, Roma.

Iglesia San Francisco de Asis - Popayán - Cauca

Pero todo el mundo conoce a la figura de mujer con canasta del púlpito en mención, como “la canéfora”, palabra griega que significa mujer que carga canasto, y tienen su cuento. Las canéforas griegas eran mujercitas vírgenes que en los días de fiesta desfilaban desde templo de Atenea cargando chisteras con hilos de oro llenos de flores en procesiones pomposas. Incluso, se les decía así a las que iban al templo de Artemisa para pedir permiso y poder consumar sus matrimonios. Y hay documentos, donde los párrocos españoles en la colonia llamaban así a las señoritas que llegaban hasta sus parroquias con frutas los días de mercado, y en las Crónicas de Indias así llaman a las indígenas que sacaban frutos de sus parcelas para el intercambio comercial.

La “canéfora” de la Iglesia San Francisco de Asís, es especial, porque representa una mujer mestiza, en una época donde la vida de las mujeres nativas solo era protagonistas de la esclavitud, la cocina, la amargura y los hijos indeseados. Me dicen que la que está allí ahora es una copia hecha en 1940, pero como sea, fue y sigue siendo novedad cultural, no solo por la Indíatide, sino por los elementos esculpidos allí predominantes en el paisaje americano y lejos de los símbolos que representan el paraíso católico tradicional. En otras palabras, América es un paraíso.

La denuncia de esta columna no es asunto de religión, sino de cultura. Todas las ciudades civilizadas del mundo restauran sus monumentos porque saben que allí está la historia que cuenta su desarrollo.  El patrimonio arquitectónico de una ciudad compuesto por sus plazas, iglesias, museos y casas viejas, no solo son testimonio de esclavitud, sometimiento, invasión y dominio, sino también, símbolos de un pasado que no debemos olvidar ni repetir.

Millones de pesos se han destinado para la constante restauración y mantenimiento de la iglesia San Francisco, incluso con ayudas internacionales pues varios terremotos la han dañado. Cronistas, viajeros, periodistas, historiadores, críticos de arte, museógrafos, arquitectos, antropólogos, restauradores, han reseñado el valor estético de una iglesia barroca para nada recargada, porque la orden del Rey fue construir para Popayán una iglesia imponente, pero humilde. Hoy, esta iglesia debería ser un Museo de Arte Religioso por todo lo que tiene y representa para la ciudad desde hace 250 años.

La política cultural para Popayán debe imponerse en el Misterio de Comercio, Industria y Turismo para motivar a colombianos y extranjeros a venir para disfrutar de los elementos materiales y espirituales que caracterizan nuestra ciudad y sus gentes, pero eso implica un proyecto profundo, amplio y motivador para que propios y extraños conozcamos y amemos la ciudad de manera lógica y natural.

En esa medida, candidato a la alcaldía que no tenga proyecto de Cultura Ciudadana que implique la conservación y educación sobre el patrimonio histórico, no está en sintonía con la ciudad y sus problemas más sentidos.

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