SE DESCORRE EL VELO QUE OCULTABA NAZCA



Desde pequeño escuché hablar de las líneas de Nazca sobre cerros calvos en Perú. Los vi al pasar en avión en 2002. Son tan nítidos que parece fueran surcados por arados gigantescos o dibujados ayer por la tarde con estiletes mayúsculos.
De profesores, a quienes respeté mucho, oí decir que eran símbolos que hasta ahora no se habían podido descifrar. Contenían, supuestamente, avisos, enigmas, o prefiguraban seres extraños y suprahumanos que alguna vez verían los antepasados incas. Sobre su naturaleza y verdad se tejían historias con ribetes cercanos a lo sobrenatural y mágico. Algunos supusieron que serían pistas para naves de extraterrestres.
Recientemente en Tenango, México, acompañado de la bella anfitriona Rocío Martínez subimos a las pirámides que allí construyeron las comunidades de Toluca y alrededores en frente del Volcán nevado de Toluca. Comentamos la altivez de los aztecas, mayas y sus tribus que habitaron todo el territorio mexicano y sus magníficas y enormes construcciones militares y civiles. Comentaba ella sobre cómo uno de sus emperadores diseñó acueductos para abastecer de agua a su populoso pueblo indígena a pesar del abrupto y vasto paisaje.
El País de España en su edición para América nos presenta una reseña objetiva, producto de juiciosas investigaciones en las que se aclaran los enigmas que rodeaban estos fabulosos rastros de una civilización que se fueron convirtiendo en leyenda.
En varios lugares en Perú se encuentran las famosas figuras construidas por artesanos. Su trabajo consistió en extraer piedras o agruparlas según el propósito que se fijaban de antemano. Se acuñó el nombre de geoglifos a estas formas porque son incisiones o prominencias en valles y laderas que perfilan dibujos de cóndores y llamas o del sol que simbolizaban su entorno natural. Tales formas gigantescas se podían ver desde colinas cercanas.
En el centro de Lima y en Machupichu los indígenas incas construyeron una fortaleza con observatorio astronómico y acueducto muy sofisticado para esa época. Sorprende que a esas alturas pudieran abastecer de agua por toda la ciudad, a pesar de que en Perú poco llueve. Conducían el agua de pozos profundos por medio de caminos como en San Agustín, Huila, en el llamado Lavapatas, con los bordes tallados finamente en piedra.
En México también se ingeniaron la forma de hacer llegar el agua a todos sus territorios extraído de canales profundos y distribuidos por acequias o vallados tallados o perforados en la tierra. En las pirámides quedan las huellas.
No hubo escuelas ni universidades formales ni en Perú ni en México o Colombia hace 500 o mil años, pero sí hubo verdaderos ingenieros que trazaron los surcos subterráneos y en la superficie de la tierra para sus necesidades vitales. Adoraban a Inti o a Quetzalcóalt y cuidaban a sus jaguares, serpientes o ranas y las grababan en piedras, como las nuevas religiones a sus dioses bajo el techo de los templos.
25-04-16 11:55 a.m.



