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Jueves, 1 de octubre de 2026

SANTANDER DE QUILICHAO

Jorge_Eliecer_Ortiz_Fern_ndez
Jorge Eliecer Ortiz Fernandez
JORGE ELIECER ORTIZ FERNANDEZ
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En su onomástico 258 les presentamos un cordial saludo al Municipio de Santander de Quilichao como institución y desde luego a todos sus habitantes.

De un tiempo a nuestros días, he tenido la posibilidad de ver cómo despierta este municipio, en medio de una madrugada, que fácilmente deja presagiar que el día estará caluroso, que con el ir y venir de sus gentes, en un número alto que llama la atención, por lo temprano que marcan las manecillas del reloj, pobladores que por el gesto de su cara, diríamos, se dirigen a laborar, otros a estudiar y algunos cabizbajos que seguramente se enfrentan al reto diario de conseguir empleo o a enfrentar las largas filas que presentan los pocos centros de salud asentados en el Municipio.

Muy temprano también, observamos el ensordecedor ruido de las motos, conducidas, en veces, por personas que aun en pleno siglo XXI no comprenden la razón de ser de los semáforos, irrespetándolos una y otra vez. A propósito, observamos que este medio de transporte es utilizado para realizar la labor de moto-taxismo, que por el número que se deja observar, podría uno especular, o es muy rentable el negocio, o definitivamente los quilichagueños no tienen opción diferente en lo laboral, que dedicarse a este oficio, que en principio creíamos, era solo un flagelo del Municipio de Popayán; igual sucede con un buen número de damas, que sin exagerar, casi que en cada dos manzanas han colocado sus parillas para ofrecer matutinamente la arepa al carbón; estas dos características que identifican el quehacer diario de algunos habitantes del municipio de Santander, nos llevan a cuestionar y a preguntar en voz alta, para que nos escuchen los gobernantes locales, pasados y actuales, qué ha sucedido en materia de construcción del tejido social y económico, que en plaza pública se oye descrestante.

Salvo mejor concepto, yo observo el mismo municipio de diez o quince años atrás, a excepción de la construcción de la vía principal y el puente peatonal; no me atrevería a inmiscuirme en materia de salud y educación, pero igual, observo población de la edad dorada a la espera fatigosa de ser atendidos por sus EPS o cobrando los programas de familias en acción u otros programas asistenciales del gobierno nacional.

Otro panorama que observo es el desorden interno y externo que presenta la plaza de mercado, son cientos de familias que viven de la economía informal, que amerita por parte del gobernante de turno, colocarle toda la atención debida para lograr recuperar el espacio público y brindar sitios dignos donde la gente pueda con agrado comprar sus artículos de consumo básico y desde luego, para que los comerciantes, que entre otra cosas, sobrepasan edades superiores a los 50 años, tengan espacios donde puedan ofrecer sus productos de manera higiénica y sin ofender sus pocas posibilidades de movilidad.

Es lo que a primera vista se observa del diario vivir de los habitantes del Municipio norteño, que a mi juicio en poco o nada se ha beneficiado con la llamada Ley Páez, hoy titulada Zona Franca, parecería que, como es costumbre, solo beneficio a unas pocas familias ricas del país y del exterior, ya que la pobreza económica y de desarrollo estructural de Santander se erige en todas las esquinas, como en la gran mayoría de los municipios caucanos; de tal manera, que los saludos como protocolo están bien, pero el tema de desigualdad social se atiende con presupuesto y gestiones de desarrollo, arrancando desde lo local, pilas pues.