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Viernes, 2 de octubre de 2026
sábado 31 diciembre, 2016 a las 4:12 pm

¡SALARIO MÍNIMO!

Salario mínimo en Colombia
Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q ©

Presentaban unas noticias por televisión, y mi bella nieta de 7 añitos preguntó: «¿Quiénes son esos señores?». «Los senadores, mi amor. ¿Sabes qué son los senadores?», le contesté. «Los que cenan», me respondió.

Indudablemente, la edad de la inocencia dice la verdad. ¡Qué bella es la edad de la inocencia!

Y es irónico, pero así es. Se necesitan títulos, doctorados, empapelar la frente con miles de disciplinas, documentos y años interminables de sofisticación y estudios, para aprender a convertirse en poderoso y así pervertir impunemente la verdad. Todo un embrollo para adulterar la sencillez; todo un complejo rigor (sofístico, más bien) para incapacitarse ante la justicia, la equidad, el orden, el bien común. Verdadera farsa, lamentablemente risible, con lo doloroso que esto implica; la cruda realidad así lo proclama a diestra y siniestra. Y esto, en casi todos los ámbitos; lo demuestran, por ejemplo, los interminables alegatos para fijar el valor del salario mínimo. Se vuelve un misterio irresoluble; se discute en altas esferas irrisoriamente, hasta llegar a vergonzosos acuerdos que sólo favorecen a los poderosos y clases sociales mejor posicionadas. Y, lástima, resulta aquí una penosa congruencia con una máxima evangélica: «porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, hasta lo que tenga se le quitará».

Los complejos y sofisticados sistemas del mundo son el radical sostenimiento de un status quo de injusticias y vejámenes a la dignidad humana. El poder lo detentan los distinguidamente aprovechados; para eso han pasado por la exigente escala de estudios y superestudios académicos, farsa que conduce y sostiene la maravilla de la realidad. ¡Qué vergüenza! Indudablemente, unos pocos son los que cenan; otros, la inmensa mayoría, son los súbditos, víctimas inermes de un sistema corrupto,

injusto, indigno, amparado por corbatas elegantes, y a estos súbditos les toca cenar la más indigna pobreza.

RVQ

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