ROSTRO MÍSTICO



Busco un rostro místico; el que era, el que es bajo los puentes del cielo. El que vino con un pedazo de nube dulce en sus manos y lo ofrendó como nombre que no se tiene, porque ya no es de aquí ni de los montes llamados ciudades, donde se ofrecen premios a las vanidades. Un rostro santo, el que vino con un cáliz de rosas y perfumó el zaguán donde el farol habla con los dolores del alba. Un rostro indefinible para Dios y los testimonios dormidos, sin maquillaje ni sazón para ojos falsos. Un rostro donde los mantos han dejado la mañana, el rocío de las madrugadas y el arcoiris que defiende a los débiles. Un rostro cantador de almas en sol sostenido por alabanzas sacras. Un rostro de mujer-hombre, con el sexo dispuesto a engendrar flores y poemas benditos, único sabor de las hostias que no mueren. Un rostro para intentar el viaje del agua decantada, destello sempiterno que refresca el lago. Un rostro parecido a la mujer que mira infinitamente el bordado de los dedos en la historia que no vuelve, un rostro con ojos fijos en la encrucijada donde muere el viento.
Un rostro para creer que no se ha perdido el tiempo lavando las tinajas de las bodas de Caná.



