La Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, Fedepalma, se permite informar que no es cierta la afirmación «la deforestación causada por la palma africana en Colombia hace aún más daño que la que produce la industria de la coca», publicada en el confidencial de la revista Semana de agosto 16.
El artículo publicado en la revista «New Scientist«, en el cual se entrevista a la doctora Liliana Dávalos, en ningún momento hace dicha afirmación. En cambio sus estudios publicados se han especializado en el cultivo de la coca, y no en los cultivos permanentes, y menos aún de la palma de aceite.
Se hace necesario hacer las siguientes precisiones sobre lo expuesto por la Doctora Dávalos en dicha entrevista:
- En Colombia, los cultivos de palma de aceite históricamente han reemplazado áreas que habían sido previamente transformadas a cultivos de algodón, arroz, banano, entre otros, o a pastos introducidos para ganadería. En otras palabras, el sector palmero colombiano NO ha contribuido significativamente a la deforestación en el país, ni a la transformación de ecosistemas naturales a agricultura.
- La política del gremio palmero y del gobierno nacional es que el crecimiento que pueda darse en el futuro en las áreas sembradas de palma de aceite NO se dará en áreas de bosque natural ni otras áreas con alto valor de conservación. Colombia tiene un gran potencial para incrementar el área de cultivos sin ampliar su frontera agrícola, especialmente en tierras degradadas e improductivas.
- El artículo desconoce el papel que autoridades como las Corporaciones Autónomas Regionales o el Ministerio del Medio Ambiente han desarrollado en torno a la planeación territorial relativa a la producción de palma de aceite, y más aún al trabajo conjunto que se viene desarrollando con el Ministerio de Agricultura a través de la UPRA relacionado con el mapa de aptitud de la palmicultura colombiana. Es desafortunado también que se desconozca el proyecto que se viene realizado con recursos de Naciones Unidas a través de proyecto GEF: Paisaje Palmero Biodiverso. Todas estas son acciones abiertas y públicas, y son no «bajo el radar» como lo menciona la entrevista.
- La palma de aceite lleva mucho más tiempo presente como cultivo en la zona de los Llanos. En Colombia existen en la actualidad alrededor de 500.000 hectáreas cultivadas con palma de aceite repartidas en cuatro zonas palmeras. La zona palmera oriental, que corresponde a los Llanos Orientales, cuenta con alrededor de 185.000 hectáreas sembradas con palma de aceite. Como se puede apreciar, no es cierta la afirmación de la Doctora Dávalos sobre fincas palmeras de cientos de miles, o inclusive millones de hectáreas, que estén motivando la deforestación de la zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía.
- La frontera agropecuaria en Colombia abarca un área cercana a los 43 millones de hectáreas, de las cuales alrededor de 20 millones de hectáreas tienen aptitud para la agricultura. Sin embargo, las cifras del censo agropecuario publicadas en la misma edición de la revista Semana del 15 de agosto de 2015 en el artículo “Una dura radiografía del campo colombiano” revelan que en todo el país hay actualmente alrededor de 7 millones de hectáreas cultivadas. De estas, un poco más de 5 millones de hectáreas corresponden a cultivos permanentes, entre ellos el café, plátano, palma de aceite, frutales, caña de azúcar, caña panelera, cacao y yuca. El cultivo de palma de aceite representa entonces un 10% del área sembrada en cultivos permanentes y alrededor del 7% del total del área cultivada en el país. Lo anterior desvirtúa la afirmación de la Doctora Dávalos sobre millones de hectáreas transformadas en los Llanos Orientales para agricultura, y más aún para cultivos de palma de aceite.
- Un cultivo de palma bien manejado ambientalmente puede ser uno de los sistemas productivos agrícolas más favorables a la biodiversidad local y con menores impactos sobre el suelo y el agua, por su carácter perenne y su estructura arbórea. Un estudio realizado en 2003 por el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional (IDEA), que comparó 25 sistemas productivos agropecuarios en Colombia y sus potenciales impactos positivos y negativos sobre la biodiversidad, concluyó:
- Los cultivos permanentes tienden a ser más favorables con la biodiversidad “dado que las condiciones del cultivo permiten el establecimiento de comunidades bióticas estables y relativamente maduras, gracias a la cobertura vegetal que ofrecen. Además, el cambio de un sistema de producción anual o semestral por uno permanente, elimina la necesidad de varias prácticas agresivas con la biodiversidad [… tales como] el uso intensivo y poco apropiado de maquinaria agrícola y de la aplicación constante de herbicidas, fungicidas e insecticidas” (IDEA 2003: p. iv).
- El grado de favorabilidad es aún mayor en los cultivos permanentes con estructura tipo arbórea, en tanto los “cultivos permanentes como el café y la palma africana pueden prescribirse como favorables a la biodiversidad en razón de sus propios arreglos o estructuras que tienden a imitar la arquitectura de los bosques locales o regionales” (IDEA 2003: p. 79).
- Teniendo en cuenta lo anterior, el cultivo de palma se puede asemejar a un bosque plantado. Si bien no cumple las mismas funciones ecosistémicas que un bosque natural ni alberga la misma biodiversidad, sí tiene un alto potencial de captura de carbono durante su ciclo productivo de 25-30 años y una alta permeabilidad al paso de diferentes especies, por lo cual puede articularse a corredores de conservación de fauna (g. corredor jaguar, impulsado por la Fundación Panthera).
- Fedepalma es miembro de la Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible (RSPO por su sigla en inglés) desde 2004 y las empresas palmeras en Colombia han acogido su estándar de sostenibilidad como un modelo a seguir. En apenas 6 años desde que el esquema de certificación RSPO fue lanzado a finales del 2008, ya ha logrado abarcar casi el 20% del mercado internacional de aceite de palma, una cifra sin precedentes en los esquemas de certificación de sostenibilidad en el mundo.
Finalmente y en términos de las apreciaciones expuestas en dicho apartado, es irresponsable que se compare una actividad ilícita, como es el cultivo de la coca, que alimenta el narcotráfico y frente a la cual ha luchado el país por ser el engendro de la violencia y conflicto en Colombia; y se condene a una actividad lícita como es la palma de aceite que le ha ofrecido al país una alternativa de desarrollo social, generación de empleo rural, reconversión de territorios y progreso.
