Repensar nuestras ciudades
Por: Luís Barrera
Nuestros pueblos y zonas urbanas en el Cauca se nos están volviendo ciudades. El crecimiento poblacional y las aceleradas demandas de las necesidades básicas insatisfechas de sus habitantes hacen urgentemente repensar en cual tipo de ciudades queremos hacia el futuro.
Popayán con su corte colonial y su tradicional gusto arquitectónico, junto a Santander de Quilichao, Puerto Tejada, El Bordo, Piendamó y Miranda están llamados a re imaginar lo que serán al menos en los próximos 50 años.
Y menciono estas poblaciones por su liderazgo urbanístico y organización político-administrativa, sin descartar que Villarrica, Guachené, Timbío, Silvia y Caloto puedan alcanzar quizá grados más acelerados en la conformación de verdaderas ciudades con promisorio futuro.
Las transformaciones urbanas que se implementen en las próximas décadas deberán generar auténticos espacios para la creatividad en las otras municipalidades y poco a poco ir ganando el calificativo de ciudad.
La prioridad en estas poblaciones es hacer frente a la crisis generalizada pero sin dejar de lado los proyectos que tenía previstos la ciudad como pueblo o casco urbano, siendo fieles al itinerario marcado por las costumbres y autonomías culturales de sus pobladores.
La primera preocupación de los gobernantes y dirigentes del futuro inmediato deberá entonces ser la gente, su acompañamiento, es decir, poner en centro la lucha por la dignidad de las personas.
En este contexto se deben fomentar las inversiones con una clara voluntad de futuro. Se trata de conseguir que agentes privados inviertan, como también eficientemente las administraciones públicas. Esta acción transformadora debe ser coherente y contundente. Su estructura económica se debe mantener para poder hablar mañana de unas ciudades viables.
Pensar en el porvenir de las poblaciones caucanas es impulsar y potenciar sus factores de competitividad: las infraestructuras locales, la formación y capacitación de sus habitantes, los servicios tecnológicos avanzados a las empresas, la innovación, la concertación, desarrollar las ofertas comerciales, el turismo y por encima, la calidad de vida de la gente. Para todo esto se necesita, voluntad política, equilibrio, cohesión, calidad e identidad.
Aunque el Cauca aún es muy rural y marginal, hay que ir pensando visionariamente en grande. Generando en sus poblaciones más y mejores espacios públicos, renovar las mallas productivas, las redes de comunicaciones digitales, los espacios para la memoria, construir en cada municipio un centro de cultura para la paz, centros de convivencia, nuevos escenarios deportivos, instalar agradables equipamientos urbanísticos, diseñar parques y zonas verdes de calidad, recuperación del patrimonio histórico, mejorar la calidad y la oferta educativa. Todos ellos, espacios de cohesión. En definitiva, estos factores permiten constatar que un pueblo que se le vea el progreso con una pinta de ciudad emergente.
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