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jueves 8 julio, 2010 a las 8:12 pm

REIVINDICANDO EL DIÁLOGO ABIERTO

Popayán, 8 de julio de 2010
Por Fernando Dorado Gómez

Hay compañeros/as que les molesta que alguien que no tiene títulos, que no tiene “cola”, ni tiene grupo, ni habla a nombre de otros, sino de sí mismo, plantee temas como los que me he atrevido a plantear últimamente.[1]
¿Cómo así que “un fulano que no es nadie se atreve a retar a una serie de colectivos que hacen vida en el partido”?, me decía un anónimo en un correo reciente. Otros más agresivos intentan bloquear el debate abierto, insinuando dudas y sospechas.
En contraste, importantes dirigentes del Polo y del movimiento social – de diversas tendencias -, me han escrito, y me alientan a continuar con la discusión franca y sincera.
He reflexionado sobre el ejercicio que intento realizar. Es muy diferente al de un periodista o articulista, los cuales escriben y publican importantes opiniones – casi todas pagadas por los medios -, pero allí termina su acción.
Lo que he querido hacer es bien diferente, así parezca lo mismo. Toda la vida he sido militante de la lucha popular. Hace algo más de 4 años me afilié al PDA para ayudar – en lo que pudiera – con la campaña de Carlos Gaviria.
En medio del hacer, he llegado al convencimiento – después de mucho activismo, empirismo, errores y limitaciones – que para ser efectivos en la acción política y social, lo fundamental es tener las ideas claras. Cuando la idea está clara, por sí misma se vuelve fuerza. La idea es fuerza.
Las ideas claras no surgen por milagro, no aparecen porque sí, no son obra de una persona por muy estudiosa que sea. En Colombia ya hemos tenido grandes líderes con ideas claras, compenetrados con nuestro pueblo, pero – desgraciadamente – no los hemos cuidado lo suficiente, porque no hemos sido absolutamente conscientes del grado de criminalidad a que llegan las oligarquías y el imperio para defender sus intereses. Allí nos ha faltado claridad.
Destaco a Jorge Eliécer Gaitán, al cura Camilo Torres Restrepo, Jaime Bateman, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, los hermanos Calvo, Francisco Mosquera, y tantos y tantos otros/as dirigentes, que por diferentes causas no cuidamos lo suficiente en su integridad y/o no les facilitamos las condiciones para ponerse a la cabeza de TODO el movimiento democrático y revolucionario de nuestro país.
Reconozco que es arriesgado y hasta presuntuoso, ponerse a opinar sobre los temas que uno considera importantes. Sin embargo, a pesar del riesgo de ser mal interpretado, no entendido, no leído, menospreciado, considero estos escritos – y las opiniones que allí se plasman -, como una sencilla propuesta de diálogo.
Opino y no tengo ningún temor a ser confrontado, rebatido, contradicho, desmentido o, a veces, “atacado” o tergiversado. Por el contrario, quiero estimular ese intercambio. Y, no me importa – en el terreno personal – que a veces se responda de manera fuerte, o con agresividad.
Cuando así ocurre, significa que es un tema que duele, que se tocan “cayos”, que allí hay algo duro, fuerte, un conflicto, algo por des-amarrar; pero, también, que las personas que se pronuncian les lastima algo, están apasionados por una causa, por una lucha, y eso es muy bueno. Comprendo, porque a veces yo también me apasiono.
Hay compañeros/as que me dicen: “Es mejor que eso que dices no se publique, así sea cierto. La gente se puede desestimular, desanimar”. Creo que es una idea equivocada. Podemos y debemos dialogar con mucha gente, sobre diferentes temas, incluso de otros países, en donde los problemas son similares, casi iguales. Lo que en verdad desanima y baja los espíritus es la mentira, la falsedad, la falta de transparencia, la manipulación.
De ese diálogo, si lo hacemos con apertura mental, con sinceridad, con el ánimo de aprender, de escuchar otras opiniones, así sea para reafirmarnos en nuestra idea o para mejorar nuestro trabajo, va surgiendo un pensamiento colectivo, va generándose una idea mucho más rica y compleja que aquella que teníamos cada uno por aparte.
En ese sentido recomiendo un largo ensayo escrito por Luis Guillermo Vasco Uribe denominado “Así es mi método en Etnografía”, sobre su trabajo con comunidades indígenas Chamí y Misak (Guambianas). Es verdaderamente excepcional.[2]
Creo que algunas de sus sugerencias, como la de “recoger los conceptos en la vida”, pueden ser aplicadas a toda la sociedad. Necesitamos desarrollar un verdadero proceso de democratización, para lo cual se requiere impulsar el más amplio y cualificado diálogo. Los partidos políticos que deseen contribuir con esa tarea, también deberían hacer su propio diálogo interno.
Nota: Comparto la intencionalidad de Gustavo Petro al lanzar su propuesta de “Diálogo Nacional”. Sin embargo, creo que deberíamos impulsar con urgencia un “diálogo nuestro”, al interior de las fuerzas democráticas y movimientos sociales. Solo la UNIDAD, como soporte de la fuerza social y política del pueblo, es garantía de que ese tipo de espacios nos ayude a avanzar. De lo contrario, el diálogo con el “establecimiento oligárquico” se convierte en un adorno de la falsa “unidad nacional”. Será utilizado para hacer demagogia, para la apariencia y el engaño. Lo ocurrido con la Constitución de 1991 es una buena muestra y una dura lección. ¿Cuáles son las condiciones mínimas para realizar ese diálogo? ¿Cómo se sentirán las víctimas del conflicto de ser llamadas a dialogar cuando el presidente Uribe es incapaz de pedir perdón a nombre del Estado, y cuando a diario mueren asesinados numerosos defensores de los DD.HH.? Tenemos mucha tela por cortar y mucho por conversar.

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[1] Crisis estructural en el PDA y necesidad de una “reingeniería”:
http://alainet.org/active/39320&lang=es
[2] Vasco Uribe, Luis Guillermo. “Así es mi método en Etnografía”:
http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2010/07/asi-es-mi-metodo-en-etnografia.html

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